Bendición y azote a la vez. Vida y amenaza de muerte. ¿Cómo una misma cosa puede representar valores tan opuestos? Del agua estoy hablando, de la lluvia, de los ríos. Toda civilización se ha levantado cerca de los cursos de agua, posibilitadores del ciclo vital. Y es esa misma agua la que arrasa viviendas y esperanzas. Del fenómeno en otras latitudes tal vez corresponda que se ocupen los que lo conocen de cerca. Prefiero hablar de Tucumán, donde bien puedo ver los motivos que hacen que la lluvia sea bienvenida en algunos casos y maldita en otros.

La diferencia la hacen la solidez de las paredes donde se vive, la firmeza de los techos que cubren las casas, los pisos que le ponen freno a la humedad; los desagües apropiados y sin obstrucciones del barrio, las calles pavimentadas; las conexiones eléctricas hechas según las normas de seguridad establecidas.

¿Es una cuestión de dinero? Sin duda que estructuras e infraestructuras demandan inversiones monetarias. Pero tal vez sea cuestión de puntos de vista más que de plata. ¿Qué nos importa más? ¿La vida humana o los negocios (por muy lícitos que sean)? También se podrá decir que es una cuestión de políticas. Seguramente los gobiernos están obligados a dar respuestas. Pero la sociedad, por su parte, tendrá que aprender qué y cómo exigirles.

No puede la pobreza hacer la diferencia entre una lluvia buena y una tormenta negra.