Increíble: en los comercios que en otro momento fueron del rubro "Todo por $2", debilidad de compradores compulsivos e iconos de los 90, ya están vendiendo luces de colores para el arbolito de Navidad.
Y en las peatonales, las medias y los peluches en los puestos ambulantes empezaron a ser reemplazados por los juguetes inflables, por ahora modestos, pero que en pocos días pasarán a ocupar buena parte de la superficie de las pelopinchos.
Y el Mercado del Norte, Dios lo tenga en su gloria, con cada grado centígrado en aumento comenzará a parecerse más y más a un puerto.
Y cuando salgas de tu casa, antes de terminar de poner llave en la puerta, ya vas a tener la remera mojada.
Y vas a ver piernas blancas, tímidas debajo de polleras cada vez más cortas.
Y en los encuentros inoportunos, esos que te agarran distraído y sin tema de conversación, vas a tener que preguntar o responder la pregunta "¿qué vas a hacer en las vacaciones?" "¿Salís en enero, en febrero, en marzo, jamás en la vida?"
Y vas a tener que saber que se vienen las tormentas imprevistas, esas que te dejan con el auto varado en las calles inundadas, o empapado en medio del camino. O sin taxis, porque con los primeros chispazos, los 1.098 coches autorizados, los 4.000 que esperan licencia y los 5.000 (cálculo estimativo) ilegales, desaparecerán y se tomarán hora libre.
Si la lluvia del sábado no te convenció, basta con mirar un poco más en detalle para decir "señal que veraneamos".