"Néstor tenía quien siguiera con el proyecto, pero para Cristina no hay herederos". La frase sintetiza el pensamiento de un ministro del Gobierno nacional, que observa el panorama con preocupación en el tramo final de un año que resultó más que complicado para el oficialismo. El diagnóstico, por más pesimista que parezca, parte de un hecho concreto: ninguno de los preferidos de la Presidenta, la mayoría de ellos enrolados en la agrupación "La Cámpora", cuenta con un respaldo interesante en las encuestas.
Ni siquiera el más lúcido del grupo, el viceministro Axel Kicillof. En rigor, los camporistas casi no figuran en los sondeos de opinión, porque la mayoría de los consultados no los conoce. Y a esta altura de las circunstancias, hace rato que el vicepresidente, Amado Boudou, dejó de ser una opción de recambio. Este dilema está comenzando a provocar movimientos internos en el peronismo. En ese amplio movimiento, al que sin embargo el kirchnerismo está dotando de un sesgo unidireccional, todavía hay quienes piensan que la Presidenta debe impulsar una reforma constitucional para intentar una re-reelección en 2015. Pero hay otros que ya se preparan para tomar la posta en caso contrario.
En la semana que terminó hizo mucho ruido político la declaración del gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, sobre su proyecto presidencial. Tampoco pasó inadvertido el lanzamiento de una agrupación que se encolumna detrás de Daniel Scioli, quien ya dijo lo suyo. Otros peronistas como el cordobés José Manuel de la Sota o el sindicalista Hugo Moyano ya tantean la posibilidad de armar una confederación de partidos provinciales de cara a las elecciones legislativas de 2013. La gran duda de este sector es si debe abrirle las puertas al PRO de Mauricio Macri. El mismo día que se votó la ley de ART, el Gobierno trajo de vuelta a los marinos de la Fragata. Y el ministro de Defensa, Arturo Puricelli, quien ya había puesto su renuncia, asumió la responsabilidad del caso.
Puricelli también teme por el destino de una corbeta de la Armada que tuvo que amarrar en un puerto de Sudáfrica a raíz de un desperfecto técnico, mientras participaba de ejercicios navales denominados Atlasur IX. No sea cosa que el fondo NML Capital, que retiene a la Fragata Libertad, también la ponga en la mira. De los Estados Unidos tampoco llegaron señales alentadoras. Una Corte de Apelaciones de Nueva York ratificó un fallo del juez Thomas Griesa, ya conocido por los argentinos, que estimó que los acreedores de la deuda que no participaron de los canjes deben tener un "tratamiento igualitario" con los otros bonistas.
La situación derivó en una fuerte caída de los bonos argentinos, que en algunos casos superaron el 4%, y puso en evidencia una carencia diplomática notoria, tal vez porque en Washington aún no perdonan la famosa requisa que el canciller Héctor Timerman hizo a un avión militar norteamericano. De todos modos, el conflicto parece injusto con el Gobierno que más deuda externa pagó en las últimas décadas. Y que logró -gracias a la creatividad de Néstor Kirchner- presentar algo sumamente impopular en la Argentina como una medida progresista destinada a recuperar la soberanía económica del país. (NA)