La actividad comercial febril durante la luz del día y la inseguridad por la noche fueron una constante en la zona del Mercado de Abasto, desde hace varias décadas. En 1998, cuando el histórico edificio diseñado por Alberto Prebisch, fue desalojado -y quedó abandonado- para trasladar la actividad al nuevo Mercado de Concentración de Frutas y Hortalizas de Tucumán (Mercofrut), la barriada perdió su motor mercantil y se fue hundiendo en la apatía.
"Ya nadie quiere vivir frente al ex Mercado de Abasto. En sólo dos cuadras -por Miguel Lillo doce locales han bajado sus persianas y varias casas de familias han colgado sus carteles de 'Se vende'. Los pocos negocios que todavía subsisten trabajan agónicamente: se debaten entre la soledad del barrio, la suciedad del predio y los robos constantes que los obligan a encerrarse apenas se esconde el sol", señalaba una crónica de nuestro diario del 7 de noviembre de 2003.
A comienzos de 2005, se abrieron bares frente al ex Mercado y varios se convirtieron en boliches, convocaban -hasta hace unos días- a miles de jóvenes durante los fines de semana. Para darle mayor empuje a la movida, fue declarado un lugar de interés municipal por el Gobierno de la ciudad. El descontrol no tardó en adueñarse de la barriada y un año después se produjo la desaparición de la joven Paulina Lebbos, cuyo crimen permanece impune.
El 1 de octubre, en el predio del ex mercado, se inauguró un hotel internacional y cinco días después, los pubs y los boliches fueron clausurados por la Municipalidad. Desde entonces, mantienen las puertas cerradas y algunos propietarios analizan qué destino les darán. Los funcionarios municipales admitieron que les propusieron a sus dueños reconvertir los boliches en otro tipo de comercios. Respecto de la clausura de todos los locales bailables, el secretario municipal de Gobierno negó que se tratara de una persecución. "Sólo estamos aplicando las normas", dijo. Desde que no hay actividad nocturna los fines de semana, los vecinos duermen tranquilos.
Durante siete años, hubo quejas constantes del vecindario por las peleas callejeras, por el desfile de jóvenes alcoholizados y drogados, por la escasa presencia policial. En enero pasado, un grupo de individuos golpeó y dejó inconsciente en plena calle a un joven de 17 años, que regresaba con una amiga caminando de un bar de la zona del Abasto, según la denuncia de su padre.
Aparentemente, luego de siete años de amnesia, la Municipalidad parece haber recordado cuáles son sus responsabilidades y ha decidido "aplicar las normas" con firmeza. Debería aprovechar este inusitado impulso de control y de legalidad para que el vecindario mejore su aspecto, así como la avenida Alem que, en varios sectores, luce con veredas rotas y basura. La plazoleta que evoca al sabio Miguel Lillo se halla a menudo sucia, poblada de papeles y desperdicios.
Si bien la presencia del novel hotel le brindará una vida diferente a esa barriada de La Ciudadela, sería positivo que cambiara la imagen de los alrededores y hubiese mayor vigilancia e higiene en las calles, de manera que el ex Abasto se transformara en un paseo obligado de los tucumanos. Dicen -y con razón- que un plato de comida entra por los ojos, del mismo modo si se hace de esa zona un lugar atractivo, seguramente tendrá la convocatoria de ciudadanos que se pretende, si esa es la idea.