Algunos mencionan que fue una vieja costumbre dominical que se había perdido. Como la de los helados del verano o las facturas del invierno. Las voces adjudicándose la fundación del club hace varios años se escucharon. Nadie reaccionó. Entonces, la iniciativa nació en Diagramación. Hubo un período inicial en el que se confeccionó un carnet a los socios. Pero luego se suspendió. Y ayer volvió. Son 15 minutos de distracción, cerca de las 19, alrededor de un escritorio compartiendo un sándwich de bondiola y queso. Simplemente pan y fiambre. Hay cargadas y bromas. Comentarios sobre la nota del día o bromas de salón. También hay lugar para la seriedad y para el buen humor. Prima la cordialidad. Eso.

Es como sentarse a tomar un mate en el patio de la casa, sólo que para nosotros es un respiro en medio del incendio. El "Club de la Bondiola" volvió para quedarse. Y para disfrutarlo, claro.