Esta semana la Legislatura con ropaje pura y exclusivamente oficialista aprobó una ley de indiscutida inconstitucionalidad. La oposición ofrendó a Juan Bautista Alberdi y después lo ofendió. La Corte fue llamada a actuar inesperadamente y estaba más sola que muelle en el alba como solía repetir un ex legislador de más de una bandera cuando parafraseaba a Neruda. Las imágenes descriptas son las que quedan después de ver la película, pero detrás del set, cuando se apagan los reflectores, aparecen las sombras de una reforma constitucional y los espectros de una oposición más desorientada que Adán en un día como hoy en el que las madres ocupan el centro de la escena. Y, finalmente cuando la semana empezaba a despedirse, el oficialismo prendió la luz, pateó el tablero y cambió el interventor de la Caja Popular. La decisión causó un desparramo.
Las palabras del "Tío Juan"
Hay un abogado del foro provincial que tiene el desparpajo de tratar a uno de los grandes próceres como si fuera uno de sus amigos. El jueves, cuando la sesión legislativa ya había entrado en la galería de hitos de la historia de Tucumán al introducir el voto a los 16 años, el letrado leyó una frase del "Tío Juan": "...Otra condición esencial de la libertad es que el país intervenga sin interrupción en la gestión de su gobierno, sin abstenerse jamás. Abstenerse es abdicar a su libertad, es entregarse a manos de los que no se abstienen. Los que se abstienen de intervenir en la política de su país, pierden el derecho de quejarse de que son despotizados, porque son ellos mismos los que se dan el déspota del que se quejan. En este sentido es indudable que el despotismo vive en el pueblo abstinente y flojo, no en el déspota erigido por esa flojedad. La abstención de la vida política, lejos de probar buen juicio y sensatez, prueba imbecilidad, incuria, vicio y degradación. También es indudable que si la abstención en general es un suicidio, la no abstención en casos dados es una prostitución. Abstenerse en Sudamérica es a menudo dejar los destinos en manos de los pícaros pero mezclarse en la política es a menudo enterrarse en la basura de su país".
Cuarenta y ocho horas antes, los radicales Ariel García, Roberto Sánchez, Federico Romano Norri y Silvia Elías de Pérez; el democristiano José Páez, Ricardo Bussi y el legislador del PRO, Alberto Colombres Garmendia, se reunieron para rendir homenaje a Juan Bautista Alberdi e inmediatamente tomaron dos de las peores decisiones del año. Por un lado optaron por no entrar al recinto a sesionar. Ellos son el resultado de la voluntad de un pueblo que los puso a jugar en minoría mínima dentro de un recinto. Pero son la voz de una parte de la población que nunca debería callarse. Precisamente, se negaron a dar el debate y no entraron al recinto legislativo a dar batalla como le hubiera gustado a Almafuerte cuando recomendaba "no darse por vencido ni aún vencido". Por otro lado el macrista Colombres Garmendia tuvo la increíble idea de hacer callar a la Legislatura, nada menos. Los recintos deliberativos son la esencia de una democracia que aunque tenga fisuras o aunque haya mayorías que saltan algunas instituciones sigue siendo el reservorio del debate, del disenso y de la construcción política. Nunca debería ni pensarse que pueda ser amordazada.
Colombres Garmendia dio un manotazo de ahogado y se fue a Tribunales para que no sesionara la Legislatura y, por lo tanto, no tratara el proyecto del voto joven. La impericia del joven legislador fue corregida rápidamente, pero desnudó el estado desguarnecido en el que se encontraba la Corte Suprema de Justicia. Apenas entró el planteo para que no debata la Cámara, empezó a transpirar el presidente del máximo Tribunal, Antonio Estofán. Es que se le había perdido un trío de vocales y la Corte se hallaba en minoría para emitir una acordada. Los vocales Claudia Sbdar, Daniel Posse y Antonio Gandur estaban con el pasaje en la mano porque tenían compromisos institucionales previos. Entonces ocurrió lo inesperado, como las tarjetas para embarcar marcaban las 9, la acordada se firmó a las 7.30. Sólo una vez el reloj pudo reunir a los vocales a esas horas de la madrugada y fue cuando analizaron la situación de Carlos López, el funcionario judicial que Alperovich nunca quiso -ni querrá- convertir en magistrado.
Fiesta
El oficialismo legislativo vivió una fiesta. Se les ocurrió sesionar el 17 de octubre y lo hicieron solitos. Tuvieron barras de jóvenes que los aplaudían y vivaban como si fueran los más queridos de la comarca. No sólo aprobaron el voto a los 16 años, sino también se dedicaron a elogiar a Perón y Eva Perón porque la sesión se hizo el 17 de octubre, pero el corazón les palpitaba aceleradamente porque sabían perfectamente que esa ley que estaban sancionando, tarde o temprano, les dirá que tienen que reformar la Constitución.
Pero era tal la fiesta que se marearon. Saben que no son tan poderosos como antes y que necesitan de Alperovich para avanzar con una reforma que les dé la reelección para siempre. Tampoco tomaron conciencia que afianzaban el discurso de híperperonista que tuvieron a Juan Siviardo Gutiérrez izando la bandera. Un ex bussista arriba del estrado en un día histórico en el que se agasajó al sempiterno peronista Alberto Herrera. Tampoco les preocupó que será imposible castigar los delitos electorales cometido por menores de 18 años, tal cual lo prevén las normas vigentes. La alegría y algarabía no les permitió ver que una modificación legislativa como la que estaban haciendo tiene efectos sobre el resto del sistema jurídico. No saberlo o no darle importancia supone una soberbia mayúscula, pero también una ignorancia que va a poner todas estas cuestiones en manos de la Justicia. Cuando la mayoría legislativa procede de estas maneras, se debilita. Así también cuando las decisiones son tomadas por un solo partido también terminan debilitadas por la fuerza de la arbitrariedad.
"No hay en el mundo posición más ridícula que la que se dan a sí mismos los hombres más ilustrados y serios de un país democrático, que dejan pos su abstención en manos de los mismos hombres que ellos reconocen como bandidos y fascinerosos, los intereses de su honor, de su vida y los destinos de sus familias y bienes. Así, la ignorancia de la mayoría no es toda la razón de ser del gobierno por el gobierno; lo es igualmente la inteligencia de las minorías sin coraje, sin civismo, sin educación en el gobierno del país por el país o la libertad. Su ejemplo es la mejor prueba de que la libertad, es decir, la intervención del país en la gestión de su gobierno y destinos, es una educación, una manera de ser, adquirida por un largo ejercicio de la cosa, no una mera cultura inteligente o doctrinaria. No basta saber definir la libertad: lo importante es practicarla, aún sin saber definirla". Estas palabras también son del "Tío Juan", como le dice el letrado. Las primeras están en la página 205 del libro Peregrinación a luz del Día que publicó el Centro Editor de América Latina. Las últimas están en la página 479 del tomo VII de los Escritos Póstumos.
El trato amistoso hacia un prócer suena desde irrespetuoso hasta agresivo, pero si todos pudiéramos sentir a Juan Baustista Alberdi como el "Tío Juan", tal vez se cometerían menos locuras.
"El tío es sólo un monumento"
Los viernes de bicicleta terminan en grandes decisiones en el Poder Ejecutivo. Esta vez parece que los bancarios padalearon demasiado rápido y cuando empezaron a apuntar al interventor de la Caja Popular, Eduardo El Eter, a este le tiraron la toalla y se bajó del ring. Para enfrentar a Carlos Cisneros y sus amigos Alperovich decidió poner a un peleador callejero. Sin importarle la voluntad del pueblo echó manos en la Legislatura y le ordenó a Armando Cortalezzi que se siente en el despacho principal de la Caja Popular. La decisión armó un descalabro porque quien lo sucede en la lista de elegidos es nada más y nada menos que el decapitado Miguel Brito, que se fue irregularmente de la Dirección de Arquitectura y Urbanismo. Alperovich ya decidió que Brito no será legislador, la pregunta es si Brito desafiará la voz de José para cumplir con la voz del pueblo.
La encrucijada es para el ingeniero que alguna vez fue bussista y ahora es "sijosesista" y por lo tanto asesor del senador Sergio Mansilla en la Cámara Alta. Según Alperovich la banca que dejará vacante Cortalezzi será del titular del Registro Civil, Dante Loza. En realidad todos estos movimientos poco les importan. Da la sensación de que Alberdi fuera sólo un monumento, no el tío. Es que para el oficialismo la vida pasa divirtiéndose con la oposición a la que le corre el arco cada vez que quiere patear; agasajando a la Nación cada vez que pide algo y pareciera que sólo se preocupa cuando suenan los redoblantes de Cisneros y sus amigos.