En barrio Sur, la mayoría de las calles van ganando nuevos edificios y comercios. Los vecinos cuentan con nostalgia cómo el sol va desapareciendo del paisaje, aunque reconocen que este cambio ha sido favorable para la seguridad del barrio. "Hay más movimiento y eso ayuda. Yo camino solo sin miedo por las noches; claro que siempre voy atento a lo que pasa alrededor", asegura Javier Alcocer, que vive desde hace varios años en Bolívar al 1.200.

El miedo a los robos se percibe más que nada en las calles en las que todavía subsisten viejas casonas y un importante arbolado urbano que bloquea el alumbrado público. Es el caso de la San Luis al 600. Dos comercios que funcionan en esa cuadra sorprenden a los clientes con un poderoso enrejado sobre los mostradores.

"Lo hacemos por prevención. Nos enteramos de varios robos en esta calle y decidimos protegernos. Hicimos bien; ya nos quisieron asaltar una vez y gracias a esta reja no pudieron", contaron Fernanda y Sebastián Monteros, dueños de una pañalera.

"El problema es que la zona está muy oscura y desolada. De noche, si llego en auto y tengo que abrir el portón, siento terror", explicó Sebastián, quien ya fue víctima de dos robos en la calle. En ambas oportunidades, le sacaron el celular.

A pocos metros de allí, una fábrica de helados llama la atención: una hoja de la puerta de vidrio fue directamente arrancada por los ladrones. Ahora, el local cuenta con alarma, botón de pánico, cámara filmadora y verja. "Los delincuentes no nos dejan más opción que vivir enrejados", comenta Franco Campodónico, empleado del local. El joven varias veces fue víctima de ataques camino a su casa, ubicada a pocas cuadras de allí. "El otro día, en avenida Alem y San Lorenzo quisieron robarme el celular. Me resistí y empecé a correr, me amenazaban con un cuchillo. Por suerte, un automovilista me ayudó y los delincuentes se escaparon", describe.