Aparece por las siestas. Lo podés encontrar en algún sendero atado a los pies del cerro o en una de las avenidas que llevan hasta las trepadas. No es fácil reconocerlo, salvo por la cantidad de seres humanos que guardan sus espaldas. Cuando se saca las antiparras o el buzo se puede descubrir que debajo de ese camuflaje está el gobernador de Tucumán. Este viernes, cuando la siesta empezaba a dormirse, José Alperovich se bajó de la bicicleta, subió a su habitación y llamó a cuatro legisladores -Roque Alvarez, Sisto Terán, Armando Cortalezzi y Guillermo Gassenbauer- y al hombre que más seguridad le da en los laberínticos vericuetos de la política legislativa: Antonio Ruiz Olivares. Salvo uno, todos llegaron presurosos a la casa del mandatario. El más obsecuente de los sijosesistas faltó a la cita. De todos modos, "Guille" no tiene castigos del jefe.
Nadie sabía el motivo de la cita hasta que el aún transpirado mandatario dio la orden en tono de pregunta: "...¿ y si hacemos como San Juan?".
A ninguno de los presentes -menos, al ausente- les resulta fácil decirle "no" a José. Y como buenos "sijosesistas" dijeron: "sí, José"; y empezaron a redactar el proyecto de ley para que los jóvenes -que quieran, ya que será optativo- puedan ir a votar, siempre y cuando ya hayan cumplido los 16 años. No les llevó mucho redactar la iniciativa que, además, permitirá que con 18 años, aún siendo "hijos de papá", puedan ser electos ediles o legisladores.
Profecía autocumplida
La imprevisibilidad y la falta de proyectos propios ha sido una constante en el gestión alperovichista. No obstante, el mandatario ha sido siempre el mejor alumno y una vez que aprendió una lección, nunca más lo reprobaron. El primer examen se dio aquel 12 de enero de 2004 en que el Presidente de la Nación -Néstor Kirchner- tuvo que aterrizar el Tango 01 a la 1.10 en el aeropuerto Benjamín Matienzo y aprovechó para comprar 70 cajas de alfajores y alfeñiques para regalar en México. Cuando el mandatario se enteró de la inesperada presencia de su visitante era tarde: no tenía cómo llegar desde Tafí del Valle. Al poco tiempo el gobernador tuvo su helicóptero, para que nunca más le volviera a pasar. Lo mismo sucede con cuanta ocurrencia tenga la Nación. Lo único que le preocupa al gobernador es complacer al que manda en la Rosada. Ese fue el verdadero motor de la iniciativa de promover el voto a los 16 años. Es más, Alperovich ya estaba incómodo porque su colega José Luis Gioja -gobernador de San Juan- le había ganado de mano.
La confección de esta ley para cumplir con Cristina -más que para darle el gusto a los jóvenes- fue como abrirles las puertas del paraíso a los legisladores, que andaban como perro en cancha de bochas sin la reelección.
La ley que se aprobará el miércoles -aunque el puñado de opositores se desgañite gritando su disconformidad- nacerá inconstitucional. El inciso segundo del artículo 43° de la Constitución provincial, que redactaron muchos de los que hoy se desesperan por cambiarla, dice: el sufragio popular es un derecho y un deber inherente a la condición de ciudadano argentino y un derecho del extranjero en las condiciones que determine la ley, que se desempeña con arreglo a las prescripciones de esta Constitución y a la ley de la materia, desde los dieciocho años de edad. Será muy difícil imaginar que apenas se promulgue la norma no vaya a presentarse un planteo de inconstitucionalidad en los Tribunales. No será el único argumento ya que el inciso 2° del artículo 46° de la Carta Magna prevé que hay que tener 25 años para ser legislador y la ley que se aprobará el miércoles dispondrá que con 18 años ya se podrá ocupar un escaño. Por eso, seguramente mientras pensaban en cómo complacer a Alperovich los legisladores -en especial, Terán, un experto en el marketing de una reforma-, deben haber pensado en que esta era la oportunidad para darse con el gusto de la sempiterna reelección.
Ideas del norte
La película en este Tucson, donde las instituciones se avasallan sin pudor, ya se vio otras veces. La Justicia dirá que la ley es inconstitucional, el alperovichismo peleará y vituperará a quien se le cruce en el camino y después pedirá disculpas y se allanará. Sin embargo, en esta oportunidad hay un atajo que solucionará el problema, y evitará la repetición de imágenes: la reforma de la Constitución.
El hombre de la bicicleta podrá jurar y perjurar que no le interesa una reforma para seguir en el poder; es impensable, sin embargo, una reforma a la que no se suba Alperovich. Los propios legisladores no tienen la autonomía como para hacer campañas en soledad, sin el apoyo del gobernador.
El principal problema de una reforma no es la sociedad, ni el cansancio de que las figuras sigan siendo las mismas, ni los caprichos del gobernador a la hora de elegir sus compañeros de cruzada, ni la posibilidad de darle argumentos a la oposición. La complicación mayor se encuentra en su casa. Beatriz Rojkés de Alperovich está lanzada. Ella ya se siente la sucesora, e incluso cree que la gobernación está al alcance de su mano. Tanto es así que los hombres de la política tucumana tienen especial cuidado de no ofender a José con su acercamiento a Betty. Cuentan en el Palacio que no hace mucho Mario Koltan, en una charla informal, sugirió ayudar a preparar algunos planes sobre Salud y la respuesta del gobernador fue "no te preocupes, está todo bien". A buen entendedor, pocas palabras. Todavía hay que pedirle permiso a José. La senadora está cada vez más instalada, pero si llega a darse la "re-re-re", el sueño se habrá desbaratado.
El cómodo y lo incómodo
El final de la semana fue como patear el tablero. La semana había dejado dos imágenes muy claras, aunque contrastantes. 1) La huida de Amaya, y 2) el regreso de los gremios a la plaza. El intendente Domingo Amaya ha tomado como costumbre borrarse cada vez que se trata un proyecto impopular. El aumento del viaje en taxi encuadra en esta definición y, por tanto, Amaya salió volando para dejar que el presidente del Concejo, Ramón Cano, promulgue el incremento. Los "sidominguistas" defienden a su líder; afirman que "el colorado busca demostrar que él no tuvo nada que ver en la toma de decisión". Flaco favor le hace esta definición. Si es cierto, queda claro que Amaya prácticamente no ha tenido nada que ver con las cosas que pasaron en el municipio.
Lo curioso es que cuanto más mira para otro lado, mejor le va al intendente, porque su imagen está congelada en las altas esferas. Aun en tiempos internéticos, un intendente virtual no debe tener un futuro político real.
La mayor sorpresa para la Casa de Gobierno fue que la movilización que hicieron a la plaza los gremios estuvo más concurrida de lo previsto. Estas acciones sumadas a la presión de los bancarios es algo que incomoda a Alperovich, quien está acostumbrado a manejar todo. "Se están animando", fue la advertencia.
Gobierno a pedales
Todas las siestas posibles el gobernador se saca el traje y la corbata y se convierte en El Hombre de la Bicicleta. Es el mismo que confía en -y que escucha a- muy pocos. Mientras pedalea repasa las palabras de Edmundo Jiménez o de Osvaldo Jaldo, cuyas opiniones políticas tienen un peso específico mayor, al igual que las de Ruiz Olivares. La única palabra irrefutable sale del gran dios estadístico: Hugo Haime. El encuestólogo no admite discusión en la cabeza de Alperovich. Cuando El Hombre de la Bicicleta toma decisiones en soledad, los sijosesistas sólo ejecutan. El problema es que la bicicleta todavía no ha aprendido nada de seguridad ni de ministros aburridos y sin iniciativa propia; mucho menos de bancos que estallan por los aires, del mal uso de aviones y del acostumbramiento al poder.
Alperovich no puede seguir bicicleteando los verdaderos problemas porque algún día puede ser que a la oposición ajuste la cadena y empiece de una vez a pedalear.