Subimos y bajamos tantas veces al día esas escaleras para recibir denuncias insólitas, partes de prensa, pedidos de entrevistas... A veces podemos ayudar; otras, nuestra mano sólo alcanza para prestar la oreja. Esas visitas vienen -casi- siempre acompañadas de la gratitud: "leo siempre el diario". Pero cuando pasan cosas como las del viernes, comprendemos la dimensión que puede tomar el papel y la tinta en una casa. Una lectora de 91 años, bastón de caña y paso lento, se acercó a LA GACETA para hacer una donación a las "monjas villeras". Tuvimos que pensar dos y tres veces cómo responder ante esta aparición. Pero antes de que lo resolviéramos, la abuela ya había sacado un fajo de dinero de su corpiño. Remarcó hasta el hartazgo que era una donación anónima."Qué maravilloso es este diario", dijo un jefe mientras la mujer se escurría por la peatonal. Y qué maravilloso el poder de una historia bien contada, capaz de movilizar los corazones, ajenos y los propios.