El Coronel Lawrence, popularmente conocido como Lawrence de Arabia, fue un personaje que produjo en Victoria una profunda atracción. La escritora argentina publicó en castellano, en su editorial Sur, dos de las obras del escritor inglés: Los siete pilares de la sabiduría y El Troquel, de esta última fue también su traductora; tarea nada fácil, dadas las dificultades del texto.
Pero no se dedicó solamente a difundir la obra del mítico Lawrence; le consagró una de sus obras: 338171 T.E. (el número es el de la ficha de soldado que le dieron cuando ingresó a la RAF, en 1930), donde estudió la laberíntica personalidad del conductor de la rebelión árabe. El libro lleva prólogo de Arnold Lawrence, quien analiza las evidentes diferencias entre las dos personalidades -el héroe del desierto y la escritora argentina-, pero admite que "la naturaleza había dotado a ambos de una fortaleza y energía supranormales". Y que la obra de Ocampo "es el más profundo y más equilibrado de los retratos de mi hermano".
Nuestra escritora aclara, desde el principio, que su libro sobre "el jefe victorioso y escritor genial" no es un relato minucioso de sus batallas ni de su prosa. Se trata del seguimiento del desarrollo de un conflicto moral cuyo crecimiento solo termina con la muerte de Lawrence.
Región de ausencias
Admirado y admiradora fueron contemporáneos (Lawrence: 15 de agosto de 1888 - 19 de mayo de 1935. Ocampo: 7 de abril de 1890 - 27 de enero de 1979), pero no se conocieron, no obstante los frecuentes viajes que Victoria hacía a Londres.
Nuestra escritora alude a esta circunstancia diciendo: "Nos hemos encontrado en los libros, en la música pero sobre todo en la llanura, en esa llanura donde él se perdía y se buscaba y que pronto se convirtió para él en desierto"; "en esa región poblada de ausencias tuvo lugar nuestro encuentro".
Ese desierto, esa palabra tan imbricada en nuestra literatura histórica, ese término que para nosotros adquiere valor de concepto, fue para la directora de Sur el ámbito geográfico donde se conjugaron las aventuras del escritor inglés y la sensibilidad de la argentina para comprenderlas.
"La atmósfera intercambiable de esas dos regiones (Victoria alude a la llanura pampeano patagónica y al desierto de Arabia), distintas e idénticas, concuerda en términos tan precisos que ya no sabemos cual de las dos es copia de la otra".
Lawrence de Arabia amaba al desierto por lo ilimitado, por su alusión al infinito. Lo veía como el ámbito donde podía vivir su sed de absoluto sin contradicciones. Por eso Victoria cuenta que Lawrence solía recordar estos versos de Shelley, que revelan su amor por el desierto: El goce de creer que todo lo que vemos / es ilimitado como desearíamos que nuestras almas fueran…
Pero no fue sólo el desierto el punto de encuentro e identificación entre la escritora argentina y el autor británico. Los padecimientos personales establecieron una rara comunión entre ellos.
En 1939, en un clima que presagiaba la guerra, Victoria Ocampo y Roger Caillois se embarcan en Cherburgo (Francia) con destino a Buenos Aires. Todo el viaje sería un extenso prólogo a lo que fue una intensa relación amorosa entre ambos, y que duró cinco años.
Hacia el final de la guerra aparece un viejo amor del escritor francés y este regresa a su país. Victoria se siente traicionada y esta situación le produce un gran sufrimiento personal que la hace expresar:
De aquí este candor que me lleva a admirar y a amar a los que se esfuerzan en soportar el dolor físico y moral sin dejarse reducir a migajas por él. De aquí mi amor creciente por Lawrence. ¡Me siento tan poco capaz de imitarlo!
En Los siete pilares de la sabiduría, un informe militar de su campaña en el desierto de Arabia que Lawrence transforma en una joya literaria, el escritor inglés revela los sacrificios, las crueldades de la guerra, el clima extenuante y hasta la tortura que sufre a manos de los turcos, "sin dejarse reducir a migajas".
Pero la sensibilidad del escritor británico cohabitaba con el duro militar que era implacable en la conducción de la guerra. Victoria lo llama "ángel exterminador a la cabeza de una banda de árabes lanzados contra los turcos"; pero también señala que es un "ángel exterminador para consigo mismo", por sus escrúpulos de conciencia y sus exigencias éticas.
El coronel Lawrence era arqueólogo y había ejercido su profesión en el corazón del territorio árabe donde pudo observar y estudiar los castillos de las Cruzadas, que le atraían desde la adolescencia. Había sido oficial de inteligencia que, enmascarado como arqueólogo, se dedicó a espiar a sus futuros enemigos: el ejército otomano. Fue condecorado por esta actividad.
La personalidad del autor de Los siete pilares es de una profunda y rara complejidad. Se conjugan en él la lucidez y la decisión en el combate, con un genio crítico y un profundo ascetismo en las costumbres; la homosexualidad, su desprecio a la carne y una obsesión calvinista del pecado y la expiación.
Victoria Ocampo escribió su libro sobre el héroe del desierto a principios de la década del 40 cuando el psicoanálisis argentino comenzaba a desarrollarse. Pero su inteligencia, o más bien su intuición, le hizo prescindir de la teoría freudiana para analizar la difícil personalidad de Lawrence.
Lo dijo con claridad: "… las conclusiones obtenidas por los métodos psicoanalíticos son mezquinas e incapaces de abarcar semejante enigma, de contenerlo y de ceñirlo".
Conflicto moral
El alto mando inglés sabía bien a quien había mandado para que condujera la rebelión árabe contra los turcos. Lawrence conocía el idioma, la cultura y las aspiraciones de los árabes. Aspiraciones que él idealizó de esta forma:
Yo quería hacer una nueva nación, devolver al mundo una influencia perdida, dar a veinte millones de semitas (árabes) las bases sobre las cuales su inspiración pudiera edificar el sueño de su pensamiento nacional. Pero este candor no era el del imperio británico. Los ingleses querían ayudar a los árabes a sacudirse el yugo turco para transformarse ellos en los nuevos amos de Arabia.
Los británicos hicieron, a principios del siglo pasado en Medio Oriente, lo mismo que hicieron con nosotros a principios del siglo XIX. Nos ayudaron a pelear contra España para desplazarla y quedar ellos como la nueva potencia en América del Sur.
A medida que avanzaba en su campaña, Lawrence constata que la libertad que había prometido a los árabes en nombre de Inglaterra no se concretaría. El sabía que los árabes no hubieran combatido para pasar de las manos de los turcos a las manos de los ingleses. Y comprende que había sido instrumento de un fraude.
El conflicto moral al cual alude Victoria se agudiza en Lawrence. Lo acosa un punzante complejo de culpa y reflexiona acremente: "…antes me había prometido obtener, a los treinta años, el grado de general y un título de nobleza. Estas dignidades temporales estaban desde ahora al alcance de mi mano pero mi sentimiento de culpa para con los árabes me había librado de ambiciones demasiado crudas…"
Renuncia a la Orden de Commander of the Bath, una alta condecoración militar británica que el Rey Jorge V quería otorgarle. Churchill reprocha esa conducta a Lawrence y éste le contesta: es la única manera a su alcance de hacer comprender a las altas autoridades que el honor de Inglaterra está comprometido en el asunto de Arabia.
Finalmente cambia su nombre e ingresa como soldado raso en la RAF; ¡él, que había podido ser general! Esta experiencia expiatoria la vuelca en El troquel, que, como dijéramos, Victoria tradujo y editó.
Apasionante vinculación la establecida entre Victoria Ocampo, de quien Ernesto Sábato dijera: "Algún día se sabrá cuánto debe la cultura de nuestro país a esta mujer obstinada", y T.E. Lawrence, cuya obra "habrá de leerse mientras el idioma inglés exista", según Winston Churchill.
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Héctor Landolfi - Periodista. Ex gerente general de Editorial Américalee y ex secretario de la Cámara Argentina del Libro.