BUENOS AIRES.- En 2010 y 2011 el Gobierno tomó la decisión política de no recuperar el superávit fiscal que se perdió en la crisis de 2009. Prefirió reemplazarlo por el impuesto inflacionario para evitar realizar un ajuste en las tarifas de la energía, pero al costo de perder el modelo que imperó desde la salida de la Convertibilidad.
Con el paso del tiempo, reemplazó el superávit fiscal por el impuesto inflacionario y al tipo de cambio competitivo por las restricciones en el mercado de cambios. El resultado de la elección no tardó en reflejarse en la tasa de crecimiento.
En 2012, el atraso cambiario y el déficit energético por un lado, y la sequía y Brasil por el otro, se combinaron para cerrar el grifo de dólares comerciales y la actividad económica chocó con la restricción externa, luego de esquivarla por una década.
En 2013, el clima y Brasil jugarán a favor y posibilitarán un aumento en las exportaciones de U$S 10.000 millones. Sobre ello se suman U$S 2.200 millones por el menor pago de la deuda pública en moneda extranjera.
Los U$S 12.200 millones de shock externo positivo permitirán alejar la restricción externa, dejando margen para un crecimiento que estimamos cercano a un 3,5%.
El crecimiento no sería mayor dado que la apreciación cambiaria y el déficit energético agotan rápidamente los U$S 12.200 millones adicionales, principalmente, ante el avance de las importaciones.
En efecto, la importación de energía se incrementó en U$S 1.600 millones este año, pese al freno económico, la recesión en la industria y la menor cosecha.
En el escenario de ese 3,5% de crecimiento para 2013, la importación de energía se incrementaría en U$S 3.900 millones, llevando el déficit energético a un total de U$S 9.000 millones, desde los U$S 4.800 millones este año.
Por su parte, el atraso cambiario quita competitividad y el sector industrial comienza a reemplazar insumos locales por importados (en una primera etapa), incrementando la necesidad de dólares, incluso con restricciones.
La combinación de déficit energético y atraso cambiario hace que la elasticidad de las importaciones por cada punto de crecimiento económico aumente en U$S 700 millones a un total de U$S 3.400 millones en 2013, donde la elasticidad de las importaciones energéticas crece un 46% y las no energéticas a un 20%, ambas respecto de 2011.
Un incremento de un 3,5% del Producto Bruto Interno (PBI) agota los nuevos dólares que ingresan ante mayor elasticidad, poniendo a la economía nuevamente frente a la restricción externa hacia fin de 2013.
La proyección
Para 2014, no se debería suponer que los Estados Unidos tenga nuevamente una sequía que eleve nuevamente los precios de los commodities, más bien todo lo contrario. Por ello, se prevé que el próximo año se presentará como una oportunidad para recomponer la macroeconomía y prepararla para 2014, con posibilidad de un menor precio de la soja.
El año entrante la soja generará al fisco ingresos adicionales por U$S 2.800 millones. Si se suman a los U$S 2.200 millones por menores pagos de deuda, de ahorrarlos se reduciría la necesidad de apoyarse en el balance del Banco Central (BCRA) en U$S 5.000 millones el año entrante. Esto es, el financiamiento del BCRA al tesoro bajaría de un 3,5% del PBI este año a un 2,5% del PBI el año entrante.
Si sobre ello se sincera la situación energética con un plan donde el gas que usan privados lo deja de pagar el Estado, el ahorro fiscal y menor uso del impuesto inflacionario podría ser mayor.
Sólo en dicho contexto, el Gobierno reduciría la inflación como mecanismo de financiamiento y el Banco Central, cargo de Mercedes Marcó del Pont, recuperaría margen para desempolvar carpetas y volver a tener política cambiaria pro-crecimiento, como ocurrió antes.
El 2013 es una oportunidad para llevar adelante un plan que evite nuevamente chocar con la restricción externa en 2014.
La idea de fondo es volver a encausar el modelo que se perdió en el último tramo de la gestión.