Camina lento debido a un problema que sufre en la rodilla. Es paciente. Y la frase que repite como una lección cada vez que sale de su casa es: "mejor perder un minuto en la vida, que la vida en un minuto". Las calles del barrio de María del Carmen Martínez la obligan a andar despacio, pero no le molesta. Ella se lamenta por la muerte de su sobrino Luis Ángel, de 34 años: hace un año fue embestido por un colectivo, cayó al suelo y se degolló con la platabanda. "La tragedia nos cambió la vida", solloza a pocos metros de donde murió Luis, en una de las esquinas más peligrosas de la ciudad.

Cada tres días, dos caminantes son atropellados en San Miguel de Tucumán. El ranking de las esquinas más peligrosas de la ciudad para los peatones está encabezado por la intersección de Benjamín Aráoz y Coronel Suárez, según datos de la Dirección de Tránsito de la Municipalidad. Allí se produce una combinación fatal. En la primera de estas avenidas atropellan a un promedio de 20 caminantes por año y el tráfico en esa esquina es brutal: solamente entre las 8 y las 9 pasan a diario 1.600 vehículos. El jefe de Educación Vial de la repartición, Daniel García, ubicó en la misma lista a varias intersecciones céntricas: 24 de Septiembre y Salta, Jujuy y Crisóstomo Álvarez, Salta y San Juan, San Martín y Junín, Mendoza y Salta, entre otras.

Los pasos cortos de María del Carmen le juegan en contra al momento de atravesar una esquina en la que nadie se fija en el otro. Todos parecen llegar tarde a quién sabe dónde. Durante los horarios pico, en el cruce de Benjamín Aráoz y Coronel Suárez (muy cerca de donde murió su sobrino) los peatones cuentan con apenas unos segundos para pasar corriendo por una senda peatonal ya casi invisible. La mayor parte de los conductores de autos y de colectivos no respeta el semáforo. Todos aceleran como si estuvieran en una autopista y nadie se detiene en el paso peatonal. Los motociclistas y los ciclistas suben a las veredas para evitar el rojo. Y los controles de tránsito no existen, según los vecinos.

Es común observar que muchos peatones prefieren quedarse en la vereda en el momento en el que poseen prioridad para cruzar: cuando los vehículos de la calle que pretenden atravesar están detenidos por el semáforo. El problema es que quienes doblan desde la calle perpendicular rara vez aprietan el freno para dejarlos pasar. Así, por culpa de la prepotencia, aquellos a los que les corresponde el paso se lo terminan cediendo a los que van envalentonados arriba de un vehículo.

Sin controles Alejandra Dáez tiene dos hijas en edad escolar. Todas las mañanas caminan tomadas de la mano desde Banda del Río Salí a la escuela Bernabé Aráoz, ubicada sobre la avenida Benjamín Aráoz. "Soy como un custodio de mis hijas. En esta esquina jamás podrían cruzar solas, porque no hay controles municipales. Los autos y los peatones se cruzan a lo tonto y a lo loco. Y no te perdonan ni un descuido", comentó. Respecto de los colectivos, Dáez describió que es común que los de la línea 8 paren encima del cruce peatonal y que el 4 gire con el acelerador a fondo desde una calle a la otra.

Prohibido descuidarse
Con la mirada atenta en una estrella amarilla pintada en el pavimento de la esquina de Mendoza y avenida Salta, el sanjuanino José Amparo, de visita por unos días en Tucumán, esperaba que el semáforo le permitiera continuar su camino hacia el microcentro. No sabía que allí había muerto una niña atropellada por un colectivo. El símbolo es parte de la campaña "No sumés una estrella más al cielo", que empezó en julio de 2011. En esa fecha se pintó la primera estrella en la esquina de avenidas Adolfo de la Vega y Mate de Luna, lugar donde fue atropellado el canillita Raúl Marcelo Pucheta. A partir de ese momento, 45 estrellas amarillas se pintaron en las calles y en las rutas de la provincia.

Luego de unos minutos, en los que realizó tres intentos para llegar al otro lado de la calle Mendoza, Amparo logró esquivar a los autos y a las motos que circulaban por Salta. "Sé que los que vamos a pie tenemos prioridad. Pero si no corrés o no tenés paciencia, en un instante te pasan por encima -apuntó-. El problema es que cuando los turistas como yo salimos de paseo vamos mirando monumentos o edificios que nos llamen la atención y podemos terminar atropellados".

La lucha
"Normalmente, los accidentes que involucran peatones en las esquinas del centro no suelen ser demasiado graves, porque los vehículos circulan a baja velocidad debido al tráfico intenso. Pero sí se producen muchos, porque la cantidad de caminantes es mayor que en otras zonas", explicó el jefe de Educación Vial de la Municipalidad.

La lucha entre el peatón y el automovilista se traslada a muchos escenarios de la ciudad. El taxista Ramón Posse sostuvo que los peatones no cruzan por la esquina, como deberían, sino que lo hacen por cualquier otro lugar de la cuadra. "La zona donde más impunidad hay es en la calle Junín, entre Córdoba y Mendoza: cruzan del Mercado del Norte al Persia. Pasan por donde se les antoja, hasta con chicos en los brazos", resaltó Posse. Agregó que se necesitan con urgencia semáforos en las esquinas de Chacabuco y Bolívar, y en Chacabuco y Rondeau, porque se repiten los accidentes.

Los peatones se sienten seguros sobre la vereda y, para muchos, cruzar la calle es como atravesar un río peligroso. Da la impresión de que para llegar al otro lado se necesitan un par de ojos extras. Por eso la situación de Víctor Amante, de 80 años, es muy complicada. Hace unos meses perdió casi el 90% de la visión a causa de un aneurisma. Cuando pide que lo ayuden a cruzar no siempre recibe brazos generosos. "A veces me quedo hasta 15 minutos esperando que alguien se apiade de mí. Y lloro cuando me acompañan hasta el otro lado", relató. Amante aún no sabe usar el bastón, pero tendrá que aprender. Andar solo por las esquinas de la ciudad es peligroso para todos, independientemente de si ven o no.