Llegó siendo uno más en el grupo de incorporaciones que realizó San Martín para encarar la temporada del Argentino A y buscar el ascenso. Pero bastaron cuatro partidos para comenzar a destacarse en un equipo que está invicto y pelea arriba. Juan Simón Chanquía se carga al equipo al hombro en cada presentación. Y lo hace bien el chiquito, a quien lo que le falta en estatura le sobra en habilidad.

El nuevo "10" de La Ciudadela hizo estragos en su club natal, Gimnasia La Plata, y su rótulo en Sportivo Belgrano hizo cosquillas en el apetito "santo", bien interesado en contar con sus servicios. Lo que el chiquilín nunca imaginó es que se iba a convertir rápidamente en el cerrajero de un grupo que hasta aquí abre las puertas para que sus compañeros puedan llegar al gol. "Me halagan tantos elogios de los hinchas y de la prensa, pero no me considero referente de un plantel que ya cuenta con jugadores de mucha experiencia", aclara Juan Simón, humilde en todos los aspectos.

Experimentados Gustavo Ibáñez, Gustavo Balvorín y compañía están muy presentes en su cabeza a la hora de priorizar apellidos de relieve. "Uno puede hacer la diferencia si está convencido de su juego. Allí esta la clave de todo y ellos nos marcan el camino", explica.

Así como en la cancha, Chanquía sabe abrir el juego y asegura que su realidad se magnifica por el hecho de jugar en un equipo como San Martín. "Más allá de que quiera responderles a quienes confiaron en mí, es indudable que la grandeza que tiene el equipo en el interior del país hace que uno viva en un momento de efervescencia constante. Pero no podemos ser necios. Hay que reconocer que en este rendimiento que hoy muestro, mucho tiene que ver el aporte del equipo. Sin ellos, nada de esto podría ser una realidad".

Otra vez, la modestia se apodera de él. Y está bien, mientras Chanquía siga siendo igual, colaborador y diligente con los suyos, seguramente el equipo tendrá las herramientas necesarias para derribar rivales en base al juego colectivo.

El "10" va por buen camino y no quiere dejar de ser el guía "santo" de las alegrías. Lo que uno tiene bien en claro es que el mediocampista de 24 años tiene todas las herramientas a su alcance para ser ídolo del hincha. El tiempo tiene la palabra.