El modelo es el Jesús de Emaús; el que camina junto a sus hermanos, los reconforta en la tristeza, comparte con ellos lo poco que tienen... La idea es que la vida toda es un peregrinar hacia la Casa del Padre, y que cada etapa de ese viaje es sagrada. Incluso los viajes que son literalmente eso. Es entonces cuando aparece la diferencia con lo que las agencias de viajes llaman "turismo de fe".
"Lo que mueve a un peregrino es la motivación, y teológicamente hablando, esa motivación es la gracia. Es el motor que te pone en camino -explica el padre Miguel Alderete Garrido, responsable de la pastoral de turismo de la arquidiócesis-. Y a nuestro ser de peregrinos hay que formarlo. Tenemos que ser capaces de salir y compartir con otros, y también tenemos que estar dispuestos a dar cobijo a los viajeros. Y en ese ir y venir, es la Evangelización la que sobrevuela. La idea es tomar el viaje como una especialísima oportunidad de encontrarse a Jesús por el camino".