Se levantó antes de las 7 con la idea de desayunar tranquila. Preparó la pava, tomó unos mates, comió galletas, después cargó la cartera y una bolsa con regalos y salió a la calle a buscar un taxi para ir a la Terminal. En la mañana del 9 de octubre de 2010, María Isabel Osores tenía un boleto de ida a Salta. Quería visitar a sus padres, en Metán. La escribana vivía en La Plata 169. Caminó por la vereda en dirección a la avenida Marina Alfaro, pero nunca llegó porque a menos de 50 metros apareció la desgracia en forma de arrebato y todo se apagó.

Le quitaron la cartera, ella intentó defenderse y forcejeó hasta que se quedó con las tiras de cuero en la mano. En unos segundos, la golpearon en la cabeza y cayó al pavimento. Según el informe de los peritos, la escribana recibió un fuerte golpe en el cráneo y tenía hematomas en el tórax y en el brazo izquierdo. Los delincuentes huyeron del lugar, mientras una vecina se despertó sobresaltada por un grito que escuchó desde la habitación de la planta alta. María de los Ángeles D'Amato salió al balcón y vio que una persona estaba tendida en el piso. "Me despertó un grito estremecedor", dijo frente a los jueces al declarar como testigo en el juicio que comenzó ayer en tribunales.

La vecina salió a la vereda, se dio cuenta de que la mujer estaba mal y volvió a entrar a su casa para llamar a una ambulancia. Al salir otra vez, se encontró con un canillita que recorría la zona. En un instante aparecieron otros vecinos y se formó un círculo alrededor de la víctima. Después llegó una ambulancia que la trasladó al hospital Padilla.

Eran las 7.15 cuando la escribana Osores fue atacada y cayó sobre el pavimento. A esa hora, a menos de seis cuadras de distancia, en San Cayetano, varios vecinos vieron pasar corriendo a "Soldadito", que llevaba algo en la mano. Ese es el apodo de Rubén Walter Páez, un joven de 20 años, que está imputado en la causa. Según la fiscala de Cámara, Estela Velia Giffoniello, el joven apodado "Soldadito" actuó en complicidad con "Bebelú", tal como se conoce en el barrio a Exequiel Méndez, que también tiene 20 años. En la cartera de la escribana había dos celulares: un Nokia y un Motorola, pastillas, el DNI, un recibo de sueldo y un boleto de larga distancia.

En la casa de "Gary"

En una de las precarias casas de "la tapa del canal" en San Cayetano, un grupo de amigos se había reunido a tomar vino con Fanta desde la noche anterior. Según los testigos, en la casa de "Gary" habían estado "Soldadito" y "Bebelú", entre otros.

En la etapa de Instrucción de la causa consta una carta que escribió "Soldadito" en la que admitió haber participado en el asalto a la escribana, pero culpó a "Bebelú" de haber sido el autor de las patadas que le provocaron un daño irreversible a la víctima.

"Soldadito" y "Bebelú" fueron detenidos al mediodía de aquel sábado, mientras la escribana entraba al quirófano del Padilla.

Desde aquel momento están presos en la cárcel de Villa Urquiza. Ayer fueron trasladados a tribunales para escuchar la apertura del juicio. Llegaron esposados y custodiados por policías. Entre ellos no se hablan. Ni siquiera las familias de ambos pueden cruzar palabras. Sólo la madre de "Soldadito" entró a la sala; en cambio, había seis familiares directos de "Bebelú".

La concubina de "Soldadito" denunció ayer que los familiares de "Bebelú" la amenazaron en el primer piso de tribunales y que le dijeron que ni se acercara a la sala. La demanda se leyó en la audiencia de ayer y, al final, la mujer nunca apareció por el recinto del segundo piso: la misma sala donde se realiza el juicio por el caso Marita Verón.

El testigo Pascual Vaca, de 19 años, que vive en San Cayetano, dijo que en la mañana del sábado en que atacaron a la escribana él estaba bebiendo con otro amigo y, de pronto, llegó "Soldadito" para venderle un celular. Detalló que le ofreció un Nokia y un Motorola. "Yo le he comprado el Nokia a $ 30", recordó.

La cartera en el fondo

En la etapa de Instrucción de la causa, una cuñada de "Bebelú" declaró en tribunales, pero seis meses después del asalto. Ayer repitió ante los jueces que ella vio a "Soldadito" cuando arrojaba una cartera en el fondo de su casa en San Cayetano. Explicó que el grupo había estado tomando alcohol desde la noche anterior, pero resaltó que en esa reunión no estaba presente su cuñado "Bebelú".

La estrategia de defensa de "Bebelú", en manos del abogado Roberto Flores, apunta a desvincularlo del hecho. La defensa de "Soldadito" está en manos de César Picón (Defensor Oficial).

La audiencia de ayer comenzó a las 9 y terminó a las 20. Fue tan extensa que, a la hora de la siesta, en dos ocasiones la guardia policial le llamó la atención a un familiar de "Bebelú" que se quedó dormido en la butaca del público dentro de la sala como si estuviese en su propia casa.

Más tarde, a las 19, el abogado Picón pidió permiso al tribunal para permanecer de pie porque le dolía la columna de tanto estar sentado -dijo-. Entre el público había estudiantes de Derecho que siguieron la audiencia y también mostraban cierto cansancio durante la tarde.

La táctica de la fiscala Giffoniello fue pedir que se cite a declarar, en el primer turno, al perito que realizó la autopsia. Alberto Pacheco, integrante del cuerpo forense de la Policía, se sentó ante el tribunal y detalló los golpes que tenía el cuerpo de la escribana Osores. "Eran lesiones graves. Tenía un severo traumatismo de cráneo", afirmó el médico forense. Insistió en que semejante golpe puede haber sido provocado con un elemento fuerte o con trompadas o patadas.

Al mediodía, durante una pausa, los acusados "Soldadito" y "Bebelú" almorzaron en la alcaidía de tribunales, donde aguardaban la continuidad de la audiencia. Sus familiares les acercaron, por separado, un plato de comida. Los ocho testigos que esperaban declarar comieron en una sala contigua sin tener contacto con los imputados. Los estudiantes de Derecho salieron a un bar, frente a tribunales, los jueces almorzaron en la oficina del Círculo de Magistrados y los abogados de las partes compartieron la mesa de un bar junto a la fiscala.

Durante la audiencia, los imputados tuvieron actitudes diferentes: "Bebelú" miraba de frente a los testigos; "Soldadito" seguía el debate con la cabeza gacha. Al final, los llevaron esposados a la cárcel de Villa Urquiza hasta mañana, cuando volverán a la sala para escuchar la sentencia.