DAMASCO/ALEPO/EL CAIRO.- La relación entre Siria y Turquía está al borde del estallido, lo que pone a la región en el límite de un conflicto internacional.

Ayer, el viceministro de Relaciones Exteriores sirio, Faisal Mokdad, acusó a las autoridades del vecino país de "entrenar y permitir entrar (en su territorio) a terroristas, a Al Qaeda"; mientras que el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, reiteró su exigencia de que se conforme una zona de protección y de exclusión aérea para los civiles desplazados dentro de Siria. El canciller ruso, Serguei Lavrov, a su vez, tildó de no realistas las demandas de dimisión al presidente sirio Bashar al Assad, como precondición para solucionar la crisis. "No se trata de ideología, no estamos respaldando a un régimen o a individuos", aclaró.

Los rebeldes sirios, en tanto, atacaron aeropuertos militares en las provincias de Alepo y de Deir as Saur, y aseguraron haber destruído tres aviones de combate y capturado varios misiles tierra-aire. Medios estatales informaron, por su parte, que las fuerzas del Gobierno lanzaron un exitoso contraataque contra "terroristas" en Al Kalsa, a las afueras de Alepo. "Nuestras fuerzas infringieron fuertes pérdidas entre las filas de los terroristas", afirmó la agencia de noticias SANA. El activista opositor, Bassam al Halabi, confirmó que el Ejército oficial continúa bombardeando fuertemente la región.

El nuevo mediador de la ONU y la Liga Árabe en Siria, Lakhdar Brahimi, pidió a la dirigencia en Damasco cumplir con el deseo de cambio del pueblo y agregó que el Gobierno es el que tiene la mayor responsabilidad de poner fin a la violencia. El diplomático aseguró que una intervención militar desde el extranjero significaría el fracaso de los esfuerzos diplomáticos, tras asumir en reemplazo de Kofi Annan. (DPA-AFP-Reuters-Télam)