Están en casi todas en las principales ciudades de la provincia y en muchos pueblos del interior, desarrollan su cometido con una pasión y solidaridad contagiosa y elogiable y aunque muchas veces se les reconoce su valor, empeño y capacidad, no siempre el Estado y buena parte de la sociedad los apoya y sostienen como realmente sus servicios lo merecen. Son los cuerpos y asociaciones de bomberos voluntarios de Tucumán, Organizaciones No Gubernamentales (ONG) sin fines de lucro y cuyos miembros prestan servicios sin percibir ningún tipo de salarios o haberes. Colaboradores eficaces de la Dirección General de Bomberos de la Policía de Tucumán y de los organismos de Defensa Civil, son un poco más 300 en toda la provincia, agrupados en una quincena de entidades
Habría que recordar que esta vocación de servicio a la comunidad, en gran medida, se desarrolla a costa del esparcimiento personal o de la vida familiar, en razón de que cada integrante de un cuartel debe cumplir un mínimo de 50 horas mensuales de servicio o permaneciendo a disposición, para cubrir cualquiera de las emergencias que lo requieran. Es decir, que esos hombres y mujeres ponen a disposición de todos uno de los bienes más preciado que dispone el ser humano: su tiempo. La gran mayoría de los socorristas han recibido una capacitación especializada a nivel nacional para enfrentar los siniestros.
Las ONG que agrupan a los bomberos voluntarios dependen básicamente de los subsidios de los estados nacional, provincial y municipal, y de los aportes de los particulares y de empresas para las compras y mantenimiento de sus equipos, herramientas y la logística. Pero se conoce que -en la mayoría de los casos- esas remesas apenas alcanzan para la operatividad y movimiento de los cuarteles y de las entidades. Por caso, un equipamiento para protección personal del bombero cuesta unos $ 50.000 y las reglamentaciones y necesidad imponen su renovación cada dos años. Algunas veces, ese es el monto que consigue recibir cada cuartel de parte del Estado. El parque automotor con el que trabajan la mayoría de estas organizaciones, compuesto por vehículos especiales por su transporte, rodaje y carga, como se puede comprobar en muchas de las emergencias, no cumple con los requisitos de renovación y recambio, a tal punto que esas unidades registran una utilización de hasta más de diez años. Además, ninguna de las asociaciones dispone de una escalera mecánica para actuaciones en edificios de altura (un déficit que -se ha publicado- también registra desde hace unos años la Dirección de Bomberos).
Así, la capacitación que recibieron unos 90 bomberos voluntarios para apagar incendios forestales en el ex Arsenal Azcuénaga, durante dos días, no hizo más que actualizar el panorama, la realidad y la renovada voluntad de servicio de estas organizaciones. En esa línea podría interpretarse -hasta un punto- la intención de algunos concejales de la ciudad de Concepción que sugirieron un aporte de cada usuario del servicio eléctrico para ayudar la tarea de estos grupos. En todo caso, correspondería que las autoridades competentes reaccionen con prontitud para incrementar o reforzar los subsidios y ayudas, en el entendimiento de que es el propio Estado el principal responsable y beneficiario del trabajo que realizan de los bomberos voluntarios.
También, parece oportuno impulsar una mayor toma de conciencia de la población para que renueve su solidaridad con estas organizaciones de bien público, tan necesarias, tan importantes para todos.