BUENOS AIRES (Andrés Burgo, especial para LA GACETA).- Ricardo Rodríguez festejó cinco goles pero no gritó ninguno. Parece una paradoja, pero no lo es: el técnico, que en las últimas dos temporadas dirigió a Defensa, evitó la irascibilidad de la gente con la que no sólo se llevó muy bien, sino que todavía se lleva bien. "Mi relación con ellos no varía por un resultado. Preferí tener respeto", explicó después, mientras intercambiaba un saludo tras otro.

En medio de esas muestras de afecto, el técnico dejó una proclama a futuro. "Intentaremos jugar siempre así, ser protagonistas de acá al final del campeonato. Siempre que empiezo un torneo, mi idea es ascender, y creo que este equipo tiene convencimiento. Por supuesto, hay que tener paciencia. Son dos cosas que van de la mano: creo que vamos en buen camino, pero es muy pronto todavía".

"Tuvimos contundencia, y eso es muy importante. Si me preguntan cómo estamos, yo digo que estamos en crecimiento, pero vamos de a poco", insistió mientras seguía saludándose con gente del "halcón". "Acá dejé muchas amistades", repitió, y siempre aparecía alguien que quería abrazarlo.

LA GACETA le preguntó en puntual por Matías Ballini, uno de los refuerzos que llegaron en silencio y, también en sigilo, parecen haberse ganado el puesto: el número 5 jugó muy bien. Por supuesto, rodeado de cinco jugadores con características ofensivas (Montiglio y Barrado a sus costados, y Bustamante, Rodríguez y Cobelli más arriba), su trabajo no resplandece, pero sin embargo es fundamental para el equipo: es el marcador por naturaleza del medio, un contrapeso necesario.

"Es un jugador muy inteligente. Su función es darle equilibrio al equipo, lo hablo mucho con él. Tiene que tener una estabilidad entre atacar y defender, entre jugar y marcar. Todavía tiene para mejorar; lo está logrando", respondió el DT después de su curiosa mañana: su equipo hizo cinco goles y él no gritó ninguno.