Parece que dejar el poder es mucho más difícil que alcanzarlo. Hombres y mujeres se suben al pedestal inseguros e ignorantes. Las dudas los dominan y la inexperiencia los hace lentos e indecisos. Con el tiempo se adueñan de lo público y como todo es inherente a ellos no son capaces de ver el final ni los límites. Para ello fueron creadas las constituciones. Fijan reglas de funcionamiento para darles previsibilidad, confianza, seguridad a la sociedad, pero también para marcarles a las autoridades hasta dónde pueden llegar. Así, pueden comprender que el poder que hoy los envuelve no es eterno y que, por lo tanto, para perpetuarse deben conformar equipos, estructuras y líderes que los sucedan y que los hereden. En la Argentina de los últimos 20 años las descendencias políticas sólo cobran sentido y realidad cuando la sucesión es familiar.
Los gobernantes les tienen terror a los dos últimos años de gestión. Saben que cuando no pueden ser reelectos el poder en ese lapso se les escapa como agua de las manos. "Mirá, sin reelección, vos pedís un café al final del mandato y tu mejor compañero del último tiempo te contesta: ¿Por qué no te lo preparás vos?". La metáfora pertenece a Julio Miranda, el ex gobernador que solía ejemplificar los problemas políticos con simpleza callejera. En síntesis habrá que hacer las cosas tan bien como para que el ordenanza que sirvió al jefe durante años de gobierno el último día siga sintiendo el mismo respeto y admiración del primer día.
A juzgar por los hechos ni José Alperovich ni Cristina Fernández de Kirchner han podido construir un equipo sólido como para tener un heredero que los tranquilice. Por eso cuando se acercan los dos últimos años de gestión, aumenta la desesperación para que sean reelectos o, en todo caso, para que un familiar conserve y cuide el poder conseguido.
Esta semana el acelerador reformista fue a fondo. Son muy pocos los que dicen que el motor del cambio es simplemente la necesidad de reelegir a la Presidenta. Cuesta creer otra cosa. La historia nos ha enseñado que cada vez que se ha modificado una Constitución -provincial o nacional-, se lo hizo para acomodar la vida personal de quien ejercía el poder. En esto la Argentina se vuelve previsible. Gobierne quien gobierne, esté volcado a la derecha o a la izquierda, la prioridad es quién está en el poder y no la ciudadanía. La ingenuidad de pensar de que un gobierno puede hacer algo para el futuro se acerca a la candidez o a la esperanza; nunca al humilde y responsable accionar de alguien que espera un mundo mejor para los que vendrán.
El embate re-reeleccionista le trae alivio a Alperovich que ya no podía forzar más las instituciones para conseguir su cuarto mandato consecutivo. El tucumano estaba en una encrucijada. Si por el mandatario fuera, él apostaría por el enriquecido Juan Manzur. Incluso, hay quienes recuerdan que en más de una reunión privada Alperovich lo trató de "mi futuro gobernador". No obstante, ha hecho mucho para que su esposa, Beatriz Rojkés, saque el pasaporte sucesorio. Paralelamente, el gobernador se ha ocupado, personalmente, de matar a quien había venido trabajando para sentarse en el sillón de Lucas Córdoba cuando José no esté. Domingo Amaya se dio cuenta esta semana de que todo estaba perdido y que le quedaba una carta en la manga. Y la jugó. Por eso, apenas escuchó en Buenos Aires los monosílabos re-re se lanzó y dijo que Alperovich debía ir por un cuarto mandato. De nuevo la humildad del político cayó derrotada por las ambiciones personales.
Como la Betty me va a ganar la casilla del medio, yo me juego por José
. Para jugar esa carta contaba con el aliento de los miembros de La Cámpora que también alentaron la re-re de Cristina. Sin ponerse colorado con una escueta frase dio un mensaje a la Nación, al alperovichismo y obligó al gobernador a pronunciarse sobre un tema en el que siempre mira para otro lado y esta vez no podía quedar descolocado. Amaya lo hizo mover una pieza.
Amaya no es el único que juega. Osvaldo Jaldo siempre tiene listo el traje que le pidan que se ponga. Y, de nuevo, esa exagerada predisposición es el punto débil del tranqueño. Alperovich sabe que si él lo sucede no podrá dormir tranquilo, algo que nunca le sucederá con "el hombre que él inventó" y que llegó a ministro de Salud de la Nación.
El mandatario provincial dijo que no va más. También llegó a decir que puede ser y hasta llegó a dar la orden de vamos por más y después se arrepintió. La re-re es algo que le preocupa y mucho. Encontró que el fundamento perfecto es que si la Nación lo hace, la Provincia también lo hará. Por eso sigue con gran atención las negociaciones reformistas que suceden en Buenos Aires. Uno de sus hombres mimados, Mario Koltan, integra una comisión nacional con importantes referentes K que trabajan específicamente en la reforma de la Constitución Nacional. Por ahora, ellos no plantean la re-re de Cristina y son conteste con el pronunciamiento de los intelectuales de Carta Abierta. Sin embargo y a pesar de esta información de primera mano con que cuenta el mandatario ningún "sijosesista" puede evitar que en el diccionario oficialista reforma sea sinónimo de re-re. En aquella comisión una de sus figuras principales y de consulta obligada es el vocal de la Corte Raúl Zaffaroni, quien postergó para septiembre su venida a Tucumán para debatir sobre la reforma.
Las conveniencias de forzar la palabras y las promesas es parte de la acción de los poderosos. No se reduce al momento de modificar la Carta Magna. La decisión de hacer concursos en la administración pública y de profesionalizar la conducción de la vida estatal es sólo una declamación. Para muestra basta un botón y a la hora de designar un juez de paz sobran botones. La decisión oficial ha sido que quienes cumplan esas funciones tengan conocimientos del Derecho, pero en la Casa de Gobierno la decisión es poner a los amigos o satisfacer los pedidos de quien fuera sin importar los estudios o capacidades de la persona propuesta. Sólo les interesa que sean conocidos. El último decreto se firmó el 8 de agosto, cuando el gobernador y su ministro judicial Edmundo Jiménez rubricaron el decreto 1.914/14 por el que le dieron el cargo de jueza de paz de Medinas a la ex legisladora Mabel del Valle Concha de Llorens Dip. Las designaciones legas se siguen sumando y el Ejecutivo continúa mirando para otro lado. Decisiones como estas dejan al Poder Ejecutivo más marcado que las veredas rotas de la Capital, que fueron blanco del implacable aerosol del radical José Luis Avignone.
Las cruces de este concejal deberían haber señalado los puntos flojos de la interna de su partido que hoy hubiera elegido en las urnas las nuevas autoridades, pero que terminó -como de costumbre- con una unidad desunida. Tantas reyertas internas impiden construir alternativas contra este proceso de avanzar por todo, total nadie lo impide. El senador Cano es el gran conductor y líder indiscutible de la UCR. Se apropió de ese lugar por mérito propio y por demérito de sus correligionarios. El problema de Cano empieza el día después de llegar a sus metas. Es el dilema radical frente al peronismo que una vez en el poder se aferra a él cual rottweiler a su presa. En cambio, los radicales han dado muestra de su mareo en las esferas. La unidad puede quedar desvencijada. Ha quedado compuesta por los canistas (Ariel García, Silvia de Pérez, Jorge Mendía y Roberto Robles) y por el equipo de los diputados Luis Sacca y Juan Casañas, que disfrutan de la compañía de Luis González, intendente de Simoca, que día a día parece alejarse más de Cano. Estos últimos han logrado imponer a tres titulares en la Junta de Gobierno: Miguel Coronel (Simoca), Sebastián Luna (Cruz Alta) y Raúl Albarracín (Concepción), además del primer suplente (Dardo Villa, de Capital). Con ellos juegan también José "Lucho" Argañaraz y Fernando Valdez. Por el otro lado se anota Vanguardia para el Cambio Radical con el díscolo Raúl Moreno, Brígido Ibarreche y Jorge Chehín; el grupo de Osvaldo Barreñada y la Línea Morada de Federico Romano Norri y Rubén Chebaia. Este panorama muestra que en la Junta de Gobierno Cano tiene cinco miembros propios; Romano Norri, otros tantos; y Luis González y compañía suman cuatro. En la Convención radical la distribución de los 80 miembros tampoco asegura el control tranquilo de Cano. De nuevo, González trata de reunir la mayor cantidad de convencionales para disputar al senador, en el futuro, espacios electorales.
Ayer, con su muerte, Neil Armstrong se despidió de este mundo por segunda vez, aunque para siempre. Su frase después de haber pisado la Luna volvió a recordarse en todo la tierra. "Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad". Si los políticos hicieran suyas esas 14 palabras cada vez que mueven las piezas en el manejo del poder, todo sería más equitativo. Menos egoísta. Y de larga durabilidad.