Problema complejo, pero no por ello inabordable, parece haberse convertido la cuestión del tránsito de vehículos en nuestra ciudad y en otras poblaciones del Gran San Miguel de Tucumán. No se trata sólo de asumir que hay horarios picos en los que es prácticamente es imposible desplazarse en el movimiento diario del tráfico -a la entrada y salida de las escuelas, o por arreglos de pavimento, por caso- sino porque el fenómeno de tan habitual que se presenta estaría indicando de parte de las autoridades competentes una falta de eficacia en su manejo.

Un primer análisis del problema nos lleva a advertir la existencia de un incremento desmesurado del parque automotor, y especialmente, de las motos y las bicicletas. La evolución del modelo económico, que incluye una fuerte apuesta por el consumo de bienes transable y de rodados (la compra de una motocicleta tienen amplia financiación y facilidades, por ejemplo) y el hecho de que un automóvil o una camioneta se ha convertido en una alternativa inversora próxima para un amplio sector de la población han generado esta fuerte ampliación del parque automotor. El renovado movimiento que presenta las actividades agrícolas (el buen precio de la soja, por ejemplo) impulsa también la compra de autos y camionetas y una continua renovación vehicular, que puede advertirse hasta simple vista.

Ocurre que el panorama comienza a complejizarse cuando queda también claro que, en la medida que se incrementaron los vehículos en las calles, las ciudades no han respondido o no se están mostrando capaces de contener ese mayor tráfico. De hecho, las bases de la infraestructuras que contiene el transporte y la comunicación no ha tenido grandes variaciones en los últimos años. El incremento de las cuadras de pavimento -un avance básico si se quiere- que se transformaron en obras centrales en la mayoría de los municipios no ha implicado una resolución al problema, aun cuando pueda entenderse como iniciativas de progreso. Y algunos que otros cambios de sentido de la circulación, tampoco han dado el resultado esperado como tampoco las restricciones para estacionar en algunos lugares de gran movimiento. El cuadro de situación podría completarse con que ese pavimento no resiste mucho el mayor número de desplazamientos de vehículos y, que durante varios meses del año -como los actuales de la zafra azucarera y la cosecha de limón- el tráfico pesado agrega mayor presión y cantidad de rodados.

Un cuadro a mitad de mañana o al atardecer de cualquier día hábil por la zona de El Bajo y la avenida Benjamín Aráoz en nuestra ciudad y el puente Lucas Córdoba y las principales arterias de la Banda del Río Salí y de Alderetes arrojan una dimensión dramática del tráfago que comentamos. Colectivos de pasajeros atestados, familias circulando en motos de distinto tipo, automovilistas, ciclistas y marchantes en vehículos de tracción a sangre (cada vez en mayor cantidad) deben armarse de mucha paciencia y responsabilidad para no caer en algún incidente. Por zonas de Yerba Buena (especialmente la avenida Aconquija), de Tafí Viejo y La Talitas el panorama puede repetirse.

Así, lo que debiera plantearse es el manejo integral y sistemático del panorama. La necesidad de que las distintas municipalidades del área metropolitana de Tucumán y de las autoridades de Transporte y de Policía encaren una política común en la organización del tránsito parece ya una demanda estratégica. Es tiempo de superar el voluntarismo y la individualidad para asumir que el problema se agrava cada día y que corresponden respuestas a la altura de esas circunstancias.