-¿Qué es? -me dijo. -¿Qué es qué? -le pregunté. -Eso, el ruido ese. -Es el silencio. (Juan Rulfo, El llano en llamas)

La palabra pública, la que emana del Estado, está llena de silencio. No se trata del descreimiento en el discurso, tanto por parte de quienes lo escuchan como de quienes lo pronuncian. Es algo más grave. Más vacío. No es el silencio "de" la palabra sino el silencio "en" ella. Es la palabra pública diciendo nada.

El silencio y la palabra referida a la cosa pública no están separados: son una y la misma cosa.

Se sabe que hace tiempo que nada quieren decir lealtad, público, diálogo, privado, compromiso y hasta las últimas consecuencias. Pero esta semana, el silencio alcanzó a vocablos fundacionales.

Verdad

Que el Indec diga que en Tucumán sólo hay 14.000 desempleados, y que el gobernador lo avale, muestra que la verdad se quedó sin voz. Una desocupación del 3,8% es igual a Pleno Empleo, que equivale a Estado de Bienestar. Juan Manuel Cerdá (Conicet - Universidad Nacional de Quilmes) enseña que su modelo más amplio, "el de la seguridad social, cubría a toda la población contra las contingencias sociales, con independencia de la actividad que realizaba o su capacidad tributaria".

Entonces, la verdad de la cifra oficial no es puesta en crisis por cartoneros, mendigos, limpiavidrios, lavacoches, largas colas ante comercios que ofrecen un puesto, o ante la Legislatura donde regalan "gastos sociales". La verdad del Estado de Bienestar tucumano es desmentida por los centros de salud públicos saturados de desempleados sin obra social para pagar un sanatorio. Por la inseguridad de los asaltados en las paradas de colectivos cuando salen de madrugada para realizarse análisis en los hospitales colapsados. Por la crisis de la educación mal remunerada, que nos colocó últimos en las pruebas internacionales de -nada menos- comprensión de lectura. Por la marginalidad inconmensurable de las afueras -y los adentros- de las ciudades. Por los maltratados jubilados que, contra el desprecio de sus gobernantes, siguen dando vueltas a la plaza para exigir el 82% móvil que les permita comer, comprar los remedios y, en esta crisis, ayudar a sus hijos y nietos. Por los tucumanos que mueren de gripe, y no de la gripe A sino de la "común": de la misma de la que se morían los hambreados sobrevivientes de la I Guerra Mundial en la Europa arrasada de 1918.

Sí hay 25.000 empleados públicos permanentes más gracias al alperovichismo: recibió un Estado con 44.000 estatales (Presupuesto 2003) y lo llevó a 69.387 (Presupuesto 2012). Y hay 13.500 beneficiarios del Programa Argentina Trabaja, que son empleados públicos con otro estatuto. Pero para que Pleno Empleo sea sinónimo de empleomanía plena primero hay que dejarlo afónico.

Eso sí, declarar que el desempleo es del 3,8% no es una provocación sino una mordaza. El Gobierno quiere debatir de probabilidad y estadística. Busca hablar de cifras. De abstracciones. Nunca de la realidad (única verdad, según el peronismo). La realidad tiene un trapo sucio en la boca.

Justicia

La Justicia, directamente, enmudeció. Como si la venda de los ojos se le hubiera corrido a la boca. Y no sólo porque el vocal de la Corte René Mario Goane trató de "imbécil" al presidente de la Auditoría General de la Nación, Leandro Despouy, a modo de agradecimiento por la defensa que el vituperado hizo del tucumano cuando el oficialismo acicateaba planteos destituyentes contra el juez por su pasado como funcionario del Proceso. Para el caso, ya Goane había retribuido a magistradas y empleadas judiciales los gestos de solidaridad para con él notificándolas que, como mujeres, habían sido declaradas culpables de la "instalación de la cultura del medio día": "Quieren entrar a Tribunales para tener la tarde libre", sentenció en 2011.

Lo inquietante fue su última opinión respecto del caso de Carlos López, el secretario judicial seis veces ternado por concurso para ser juez penal (en tres oportunidades, primero), y seis veces vetado por la Casa de Gobierno. "Me guste o no me guste, la discrecionalidad (del gobernador) existe", esclareció. El problema de las definiciones cortas es que demandan explicaciones amplias.

Primero: en el "caso López" jamás se objetó la discrecionalidad que las normas le dan a José Alperovich para proponer a cualquiera de una terna como juez o fiscal.

Segundo: lo que sostuvo López -y acogió el camarista Rodolfo Novillo en su cautelar- es que, en el sistema de Gobierno que fija la Constitución, la discrecionalidad debe estar fundada. En la monarquía hay "no, porque no". En la república hay razones.

Tercero: si un aspirante a juez termina primero en un concurso, pero escogen a otro sin dar una sola explicación, no se está ante un caso de discrecionalidad sino ante una flagrante discriminación. Y si eso ocurre no una vez, sino tres, se está en Tucumán.

Luego, no es cuestión de "gustos": se trata de la observancia de normas esenciales de la Carta Magna, como la que reza que, en la Argentina, "Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad". Esa de la que López es reincidente.

Para otro debate queda el hecho de que el juez supremo no haya dicho si, al final, la discrecionalidad le gusta o no. Discusión necesaria para una Justicia donde, hasta el año pasado, los empleados no eran designados por concurso. En muchos casos, eran admisibles en los empleos tribunalicios sin otra condición que el parentesco o la amistad. Discrecionalidad, que le dicen.

Responsabilidad

La Casa Rosada acalla el concepto de responsabilidad mediante un cambio introducido al proyecto de nuevo Código Civil elaborado por la Corte nacional. "Artículo 1.765: La responsabilidad del Estado se rige por las normas y principios del Derecho Administrativo nacional o local, según corresponda". O sea, la responsabilidad del Estado tendrá estatuto propio, distinto de las reglas del Código que establecen que toda persona (real o jurídica) es plena responsable del daño que comete, o del que se concreta con algo que es de su propiedad, o del que provoca un dependiente. La persona pública quiere privilegios: el Estado quiere poder fijar, por ejemplo, los más discrecionales topes indemnizatorios ya sea para despidos, accidentes o expropiaciones.

Con el agravante de que, en el caso tucumano, desde la Corte acaban de advertir que, guste o no guste, la discrecionalidad del gobernante existe. Y es válida.

Periodicidad

Nada dice periodicidad de mandatos. El intendente, Domingo Amaya, pidió más reelecciones para la Presidenta y el gobernador. En Casa de Gobierno, unos sostienen que ganaron la primera batalla del Año I de la guerra del oficialismo. Y otros agregan que el jefe municipal está pidiendo su propia recontra-reelección. En la intendencia, unos pretenden que al cumpleañero Amaya le hicieron señales federales para avale la continuidad cristinista. Otros, que buscó apaciguar las aguas con Alperovich y, a la vez, pedir a la Nación que no lo deje solo. Y no faltan los que aseguran que la postura del "Colorado" obligó a "José" a manifestarse públicamente en respaldo de otro mandato de "ella".

Precisamente, Alperovich avaló una enmienda para habilitar más períodos a la Jefa de Estado. Y, así, oficializó que su proyecto para meter manos por segunda vez la Carta Magna tucumana sigue vigente. Nadie duda de que si hay reforma constitucional allá, la habrá aquí. Por caso, el mandatario no clausuró esa posibilidad: sólo dijo que no es momento para hablar del tema. El funcionarado lo preanunciaba: a inicios de esta semana pasó del "no creo que haya reforma" al "no está descartada".

Unión

Nada dice la UCR tucumana cuando pronuncia "unidad". A la proclamación de José Cano como presidente del "consenso" no fue ninguno de los referentes centrales de la UNT. La excepción: Mauricio Argiró. Su madre, la ex legisladora Nora Vázquez, asumió como una de las autoridades.

Las razones del desaire: compromisos incumplidos. Por caso, el espacio acordado para el cerisolista Dardo Villa, de repente, quedó en manos del recientemente no cerisolista Esteban Varela.

Soberanía

El filósofo George Steiner sostuvo que cuando el lenguaje es abusado, la sociedad victimaria se vuelve víctima. Una civilización de palabras que desvaloriza sus medios de expresión deviene cultura desconcertada. Una en la cual la soberanía monetaria consiste en expropiar imprentas sospechadas de negociados vicepresidenciales, y no en frenar la inflación para preservar el valor de la moneda de los salarios argentinos.

Justamente, la palabra enmudecida no es obstáculo para el poder. Por el contrario, el Estado jamás deja de decir, aunque diga nada. Se define por el monopolio de la fuerza y aspira al monopolio de la palabra. No deja de hablar, de "relatar", pues esa es su garantía de no escuchar al que opina distinto.

Antes, el Estado podía exigir el silencio. Ahora, que la democracia se lo impide, pone el silencio en su palabra. La palabra pública. La de todos. ¿Lo escuchan?