Relatos
cuentos siniestros
KOBO ABE
(Eterna Cadencia - Buenos Aires)
Seducido por las mutaciones de la narrativa europea, Kobo Abe (Tokio, 1924-1993), introduce en la escritura japonesa de post-guerra, un tono y una estética ajenos a la tradición nipona. Ese gesto innovador lo une a sus contemporáneos Yukio Mishima y Kenzaburo Oe. Sus obras se inspiran en los existencialistas franceses, el absurdo de Samuel Beckett, la ciencia ficción considerada como antiutopía. Con un estilo directo, de tono satírico (hasta macabro), abordará temáticas universales como la alienación, la identidad, el tiempo circular.
Médico, aunque tuvo vedada la práctica debido a sus convicciones políticas, fue además fotógrafo, escritor de ficción, poesía, dramaturgia, ensayos y guiones cinematográficos. La película La mujer de la arena (basada en su novela homónima) se ha convertido en un film de culto. Sus imágenes inquietantes de las dunas desmoronándose sugieren una versión moderna del mito de Sísifo.
Poco se ha traducido de su obra al castellano, sólo tres novelas, por eso no podemos menos que celebrar el lanzamiento de Cuentos siniestros. Hasta ahora inéditos en nuestro país, los siete relatos, escritos durante las décadas del 50 y el 60, y traducidos directamente del japonés por el catedrático Ryukichi Terao, confirman su bien ganada fama de "el Kafka nipón". Sus personajes, como los de Kafka, desprovistos de una gramática que los contenga, llevan por nombre sólo una inicial.
En el primer relato, El pánico, con toques oníricos, muestra una burocracia asfixiante, policíaca, que busca criminales "para acelerar el proceso de desarrollo social". En El perro un pérfido animal adquiere comportamiento humano.
El Grupo de Petición Anticanibalística y los tres caballeros (1956) es una sátira futurista, que nos recuerda la "modesta" propuesta de Jonathan Swift, en donde tres funcionarios defienden su derecho a la antropofagia.
En El huevo de plomo, el protagonista despierta después de 8.000 siglos dentro de una cápsula de hibernación, para descubrir que en la evolución humana hubo un estadio humano-vegetal, hombres por cuyas venas corre clorofila, reacios al trabajo y adictos a las apuestas, logran, no obstante, fusionar su lengua con la del viajero del tiempo, y hacerla inteligible.
Sin duda, Kobo Abe exige un esfuerzo a la imaginación y sensibilidad. El lector no puede más que entregarse y dejarse arrastrar por el flujo genial de sus argumentaciones, situaciones aciagas y finales impredecibles.
© LA GACETA
MARÍA EUGENIA BESTANI