Reapareció luego de muchos días y se instaló frente al balcón de LA GACETA para lanzarse a cantar y tocar la pandereta con fruición: "¡Dale y dale al bomboooo!.. ¡Dale, dale al bombooo!.. "¡Vaamos toodos a bailaar!... "¡Te te te tere tere tere te!.... ¡Vamos al baile, compadre!.... ¡Fiesta, fiestaaaa!"", en una maratón de tres horas, sin un minuto de descanso. En la Redacción primero hubo risas ("¡Mirá quién llegó!"); después un análisis del significado ritual de la repetición incesante de palabras y del pandereteo loco; hubo quienes pensaron que había que hacerle una entrevista -aunque sin definir si se trataba de un músico o de un fenómeno

que se había adueñado de la peatonal-; y hubo quien pidió que no se lo mencione en este comentario, "para no darle entidad". Pero es una realidad como tantos personajes que pueblan las peatonales, y ayer la redacción se rió con él, habló de él y padeció por él una tarde de perros.