Emilio J. Cárdenas - Ex embajador argentino ante la ONU
Pese a las promesas pomposas de Hugo Chávez, la industria venezolana está en franco retroceso. Tan es así, que en 1998 (antes de Chávez) ella conformaba el 17,3% del PBI venezolano y hoy apenas supone el 14,4%. Esto se comprueba con los datos recientemente publicados por el diario El Universal de Caracas, sobre cifras suministradas por el propio Banco Central de Venezuela.
El país caribeño ha ido francamente para atrás también en esto (la producción petrolera ha caído, asimismo) lo que ha dejado a Venezuela en una posición todavía más "dependiente" de sus hidrocarburos que antes. No se diversificó, como se había prometido, el aparato productivo sino que se lo hizo totalmente contingente de las exportaciones del "oro negro", cuyos precios históricos en permanente alza compensaron la fuerte caída de los volúmenes extraídos.
La meta prometida por Chávez (el aquí conocido "modelo productivo") quedó absolutamente de lado, porque las prioridades políticas reales del Presidente son claramente otras: conquistar el poder en toda la región. Desde 2002 a 2012, su gobierno "intervino" en 1.162 empresas, resultando el sector industrial el más perjudicado. Prácticamente un tercio de las expropiaciones tuvo entonces que ver con empresas industriales, incluyendo el sector alimenticio y el agropecuario.
Empresas de cemento, de auto-piezas, acerías y operaciones de todo tipo cayeron bajo el control del Estado; aumentaron inmediatamente sus dotaciones de personal pero disminuyeron su productividad y eficiencia y perdieron el acceso a los mecanismos de comercialización de que disponían y a la tecnología de punta. Aquello de "pan para hoy", nos viene inmediatamente a la cabeza.
La caída del sector productivo venezolano es fuerte y además evidente, si se advierte, por ejemplo, lo que ha sucedido en materia de exportaciones: las no petroleras eran, en 1998, del orden de U$S 5.596 millones; hoy son de apenas unos U$S 4.471 millones, lo que evidencia una caída del 20%. Dura e inocultable.
Y envía una señal obvia de que existe una tendencia a la desindustrialización que puede agravarse como consecuencia del aislamiento venezolano y, más aún, del agobiante cerco reglamentario y burocrático que, en función del paradigma socialista, impera en la Venezuela de Chávez. Ese cepo envuelve y castiga a la actividad productiva toda. Mirando al futuro, la visión es simple: si no cambia de rumbo, Venezuela entrará en una etapa de estancamiento creciente.