"En América latina, desde lo cultural y lo social, es la mujer la que se encarga de todo lo que tiene que ver con el cuidado de familiares. Empieza con el cuidado de los hijos y ahora, con el envejecimiento poblacional, son ellas las que tienen más obligaciones porque son las encargadas de atender y proteger a la tercera edad. Y lo hacen, muchas veces, a expensas de su participación en el mercado laboral y de su realización personal", opina la demógrafa Nora Jarma, que acaba de publicar un informe sobre el tema.

Según las proyecciones realizadas por la experta para el Instituto de Estadísticas y Censos de la provincia, para 2015 la provincia tendrá más de 200.000 adultos mayores. La mayoría de quienes tienen hoy más de 60 años son mujeres (el 56%). Después de los 80 años, ellas son casi el doble.

"En el mundo entero la sobrevida es mayor. Lo que se ve es que no estamos preparados para estos profundos cambios sociales que ya trae aparejado el envejecimiento y que se acentuarán más en los próximos años", señala Jarma, docente de la cátedra de Demografía de la Facultad de Ciencias Económicas.

La demógrafa se refiere a que se achica la población económicamente activa, a la obligación de adaptar las ciudades a las necesidades de personas limitadas, de mejorar la atención sanitaria y de dar opciones para el cuidado de los adultos mayores, para que no sufran. "Es fundamental entender que vivir más no tiene que ser igual a sobrevivir, sino a tener una vida digna", precisa.

"No hay una respuesta clara del Estado, no se ve que haya una preocupación social sobre el tema, más allá de fortalecer los centros de jubilados", indicó la especialista.

Mientras tanto, la población seguirá envejeciendo y la falta de respuestas para un cuidado óptimo de la tercera edad terminará por afectar profundamente en las familias, advierten los demógrafos. Tener que hacerse cargo de un anciano suele generar un "quiebre" en el vínculo de padres e hijos.

Según los expertos, el padre se da cuenta de que pierde su independencia y el hijo también toma conciencia de que ha resignado parte de su autonomía cuando debe dedicarse a cuidar a un anciano. Ante esta realidad, los gerontólogos advierten que es necesario tener instituciones preparadas para apoyar a las familias que deben hacerse cargo de los adultos mayores.