La charla comienza mal. Fabiana Cantilo, que en esta Redacción tiene la fama de haber dado una entrevista manejando en la frenética Buenos Aires con un brazo enyesado y el celular en la otra mano, parece apurada. Dispersa. "¿Escuchaste mi último disco? Seamos sinceros", apura. No espera la respuesta. Sigue inquiriendo: "te oigo escribir, ¿esto es para un diario? No, mejor grabame, si no vamos a estar 40 horas". No es descortés, pero tampoco tiene ganas de interactuar. Intento animarla diciéndole que los tucumanos conocen la potencia de sus presentaciones y que hay muchas expectativas en torno al recital que dará hoy. Pero nada. Silencio. Y bueno, a remarla.

- ¿Cómo será el show?

- Voy a cantar 25 temas, de los cuales 12 son del disco nuevo, "Ahora". Hay una parte acústica y otra con hits. Me cambio de vestuario y hay sorpresas... No voy a decir todo, blablá.

Bla blá. Ese es el epílogo de casi todas las respuestas.

- ¿Un CD de covers nunca más?

- Nunca más.

- ¿Por qué?

- ¡Porque me cansé! No voy a seguir haciendo covers, ¡me muero!

- Pero a la gente le gusta...

- Bueno, qué suerte.

Cantilo larga una risa irónica. "A mí me gusta hacer lo que me gusta, y si no lo hago, no disfruto yo ni la gente. El artista tiene que animarse. No le tiene que dar dulce de leche al público para que lo aplaudan de antemano. Hay que plantear cosas nuevas. Accedí a hacer los covers porque me parecía piola, pero en realidad quería hacer un disco, no dos", expresa, en su párrafo más largo.

- ¿Hasta qué edad pensás rockear? ¿Sos nuestra Patti Smith?

- No tengo ni idea, me puedo morir mañana. No pienso en el futuro.

- Participaste en "Graduados" y dijiste que querías ser actriz de cine.

- Sí, estoy haciendo un trabajo muy importante que ya se van a enterar... No importa, no lo quiero decir.

- ¿Y te sumarías al Bailando?

- No, no me da. No bailo tan bien.

A esa altura es más que presumible que la entrevista tiene poco tiempo de vida. Antes de los saludos de rigor, ella aclara: "sí, soy bastante rara. No me gusta la fama. No quiero hablar más de mi vida privada porque me da mucha angustia. La exposición, el poder ya no me divierten nada... Bueno, qué más querés saber, porque me tengo que ir". Nada, está bien Fabi. Andá tranquila.

Segunda parte
No llegan a pasar cinco minutos desde esa despedida apresurada. Suena el teléfono. Es otra vez la cantante, con un tono de voz mucho más suave y afable. Dice que se dio cuenta de que sus respuestas fueron muy secas y pide disculpas. "Estás pagando el pato por otros medios que me trataron mal, no tenés la culpa. Yo estaba leyendo la Biblia cuando llamaste y me había olvidado de esta nota. Perdón, no quiero quedar soberbia ni en pedo", exclama.

Ahora sí que está dispuesta a hablar. Se define como muy depresiva y cuenta que está haciendo terapias alternativas. "Estoy cambiando. Antes me exponía mucho y después sufría. Uno no es tan feliz como la gente cree. A veces lloro en el camarín antes de los shows -confiesa-. Estoy tratando de que no me importe tanto la opinión ajena. En cualquier momento me voy a vivir al interior, a una sierra, con la naturaleza".

Entonces Fabi ya no habla con nadie, lo hace sola. Se deja llevar por sus reflexiones. "Ahora vivo en una casa con jardín, con mis gatos. Estoy sola... A las mujeres les digo: solamente cuando estén bien consigo mismas, contentas de estar solas, pueden relacionarse. Si no, van a llenar el vacío con un hombre y el hombre se va a ir, porque allá afuera hay miles de pendejas con unos culos divinos", razona.

- No debes estar tan mal, porque muchos elogian tu sex appeal...

- ¡Eso porque no vieron mi celulitis! (risas) En verdad, no soy consciente de ese cariño que genero. Debe ser Dios que está adentro mío y estoy tratando de acercarme a Él. Estoy convencida de que el amor y Dios nos salvan la vida.

Coincidimos en que esa es una linda frase para despedirnos en paz. La entrevista está salvada.