Acercarse al cristinismo, no es sólo pasar las vacaciones en El Calafate. Es mucho más que llenarle el Hipódromo de militantes y de los otros a la presidenta de la Nación en plena fecha patria. Es estar entre aquellos que son leales en todo momento y entre quienes tienen la capacidad de aglutinar en cada uno de los distritos a todas las fuerzas que comulgan con el kirchnerismo. Y también significa menciones permanentes en los discursos que Cristina Fernández, repasa -a cada tanto- sobre quiénes han hecho los deberes en tiempo y en forma.

A fines de junio, cuando Buenos Aires asomaba como la gran pedigüeña argentina, la jefa de Estado habló de Formosa, Salta, Santiago del Estero, La Pampa y puso a esos distritos como ejemplo de aquellos que "no le solicitan al gobierno nacional ni un solo peso para pagar sus salarios y sus gastos corrientes". Tucumán no está en ese lote. Pero tampoco está entre aquellas jurisdicciones que ya han recibido una asistencia financiera global de $ 2.720 millones para cubrir sus baches financieros y evitar que la bola de nieve del descontento salarial crezca a dimensiones que luego no pueden controlarse. Allí se inscribieron la propia ahogada Buenos Aires, la siempre afligente (desde el punto de vista financiero) Jujuy, una complicada La Rioja, una necesitada Catamarca, la golpeada Santa Cruz y la ahora menos apremiada Río Negro (ayer calmó los reclamos salariales con anuncios de los postergados aumentos de sueldos).

El cristinismo está dando muestras sobre cómo disciplinar a los gobernadores. El bonaerense Daniel Scioli fue exhibido en la plaza pública kirchnerista como un ejemplo a no seguir por el resto. Quien se atreva a pelearle el poder a Cristina pagará las consecuencias. El mismo destino parece seguir el cordobés José Manuel de la Sota, que endureció su reclamo judicial ante la falta de envío de fondos. A Córdoba y a Santa Fe les pesa la deuda previsional; ninguno de esos distritos traspasó sus cajas de jubilaciones a la Nación. Ahora están sintiendo el rigor del poder K.

En el caso de Scioli, cuentan que el ministro de Planificación, Julio de Vido, suele reunirse con intendentes del conurbano bonaerense para coordinar acciones en materia de obras públicas.

En este contexto, ¿dónde está Alperovich? Al parecer ni entre los buenos alumnos cristinistas ni entre aquellos que fueron puestos en la vereda de enfrente de la Casa Rosada. El propio gobernador tucumano se puso -no obstante- entre los mandatarios que peticionaron a la Nación una ayuda extra. "Esperemos que nos ayude, a ver si nos puede dar una mano", declaró el jefe del Ejecutivo a la prensa. Hoy puede ser un día clave en tal sentido, aunque no se sabe aún cuál será el monto definitivo de la asistencia financiera (Alperovich pidió $ 350 millones).

El pago del Boden 2012, el 3 de agosto próximo, marcará un antes y un después para las arcas públicas. Luego de esa fecha, no habrá plata para nadie. De allí el apremio del gobernador de Tucumán.

Cristina Fernández ha marcado ya la agenda que se viene. A partir de septiembre, los dineros que se giren a las provincias tendrán como único destino el financiamiento de obras de alto impacto político y social. El plazo de ejecución no debe superar al año. Cortar cintas en obras durante tiempos electorales, no tiene precio para el oficialismo.

No habrá anticipos financieros hasta el año que viene. De allí la advertencia del jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, que ayer instó a los gobernadores a que "aprendan a gestionar y administrar" los fondos de sus provincias (claro está, después de ocho años de bonanza fiscal). ¿Y dónde está Alperovich?