Recuerdo que mi padre, un árabe analfabeto venido después de la guerra del "14" (1914), recorría 15 kilómetros a lomo de mula para llegar hasta la estación de trenes más próxima para comprar LA GACETA para que otros la lean y conozcan de la guerra del "39" (1939) en "Uropa" (Europa). A partir de su preocupación informativa, nació mi afición por la lectura; ahí conocí las hazañas de los Galvez, Fangio, Marimón, Ciani...; de los tucumanos Rubiol Roca y Germán Rivera; de las piñas de Pascualito Pérez; de los Torneos Evita; de las explosiones de las calderas de los ingenios azucareros que sucedían antes de las moliendas... Nunca olvidé la alegría que me causó recibir una encomienda en la Estafeta Postal del lugar: era un paquete de GACETAS que, durante las vacaciones, me enviaba mi maestra de cuarto grado para inculcarme la lectura.
Diversas generaciones disfrutaron del placer de leer las célebres "Cartas a mi Ñaña", de Miguel Hynnes O'Connor. Las diarias "Nota del día" de Andrés Villá. Las "Caricaturas futboleras" de Ceferino Sirgo. Las memorias de "Agapito Chancalay", de Demetrio Oliva, al igual que el disfrute que hoy nos brindan las sátiras humorísticas de "La Chispa", de Calliera y el "Humor sin barreras" del mismo autor.
Puedo asegurar que debo gran parte de mi afición de lector y narrador de historias cotidianas al único diario (LA GACETA) que llegaba a mis manos. Por otra parte, conocí a lectores que se enojan con el canillita que, por algún motivo, olvidó dejarles el diario en su domicilio. Y no son pocos los que consideran que leer el diario cotidianamente es un vicio y que este hábito forma parte del desayuno. Hay otros que se levantan muy temprano para dar un vistazo al diario antes de comenzar su tarea.
Por todo esto y mucho más, felices primeros 100 años al matutino que nos identifica a los tucumanos.
Ysmael Díaz, Mario Bravo 247, Banda del Río Salí