Las restricciones cambiarias que impusieron el Gobierno nacional y el Banco Central de la República Argentina no hacen más que generar renovadas preocupaciones en los actores sociales, toda vez que estas medidas potenciaron las operaciones en el mercado informal o paralelo, a tal punto de convertirlo hoy en una referencia de valor de la situación económica. Es que ante el virtual cierre de las operaciones en el mercado oficial, las expectativas comienzan a construirse a partir del precio del dólar paralelo, o del llamado dólar "blue", bastante más alto por cierto que la cotización del tipo de cambio oficial.
Aunque los principales operadores consideran que el volumen del mercado paralelo es reducido, lo preocupante de su instalación en el escenario económico está dado por el impacto que podría tener sobre los precios, ya que en algún momento de la semana alcanzó una brecha de casi 50 % con el precio oficial.
Hijo del "cepo" cambiario, el dólar "blue" debería denominarse "black", ya que se trata de billetes "negros", provenientes del mercado informal. Pero hay otras razones por las cuales se lo conoce con ese color. Porque en inglés uno de los significados del "blue" es el que se refiere a algo oscuro, porque al contado con liqui (operatoria bursátil mediante la cual una persona o empresa transfiere fondos desde y hacia el extranjero a través del Mercado de Valores) se lo denomina en la jerga de la city "blue chip", entonces quedó el mismo color para el billete que manejan las cuevas, y porque en el ambiente del dólar callejero suele haber billetes falsos. Entonces, para verificar su calidad, hay quienes le pasan una fibra y, si queda en color azul, significa que se trata de dinero adulterado, ilegal.
Pero lejos de buscar un progresivo sinceramiento de las variables, especialmente una medición responsable de los índices inflacionarios, el Gobierno nacional no acierta a resolver un problema que de la economía doméstica escala ya a un panorama de incertidumbre generalizada que impacta en las finanzas familiares, en el salario de los trabajadores, en el balance de las empresas y en las perspectivas macroeconómicas. Es que en un país en el que el dólar circula, a por lo menos, dos precios, evidencia desprolijidad y desaciertos en la política económica y cambiaria. Una inflación del 25% en estos últimos años que el Banco Central y el Gobierno impidieron que se trasladara al precio de la moneda estadounidense en nuestro país alentó un escenario complejo y artificial. La pérdida de competitividad es otra de las variables sensiblemente afectadas en este trance. Una falta progresiva falta de confianza en el rumbo económico, toda vez que el modelo que viene impulsando el PE ha comenzado a mostrar grietas importantes, agregan también incertidumbre. Pero los mensajes que llegan desde lo más alto del Gobierno, como el que planteó el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, en el sentido que el precio del dólar en el mercado informal "es una cuestión absolutamente marginal que no tiene ningún impacto en las variables macroeconómicas" parecen lejos de resolver esta problemática. Aunque aseguró que se trata de una actividad "absolutamente ilícita y que debe verse del punto de vista de cualquier delito", la realidad parece estar imponiendo su versión contudente. Es que las expectativas, la percepción de lo que vendrá, se están construyendo en base a la desconfianza y no a la certezas. Y ese déficit debe ser resuelto con responsabilidad, racionalidad, esperanza y, especialmente, con urgencia.