FILOSOFÍA
LA ÉTICA Y LOS LÍMITES DE LA ARGUMENTACIÓN MORAL
NICOLAS ZAVADIVKER
(Facultad de Filosofía y Letras
de la UNT - Tucumán)
El subtítulo del libro es El desafío del emotivismo. Emotivismo es la teoría moral del empirista David Hume (1711-1776), escocés cordial y extrovertido, amante de la buena mesa, solterón codiciado, que entre fiesta y fiesta se hizo tiempo para revolucionar la filosofía occidental, como dice Pablo da Silveira. Para Hume hay dos tipos de conocimiento: las relaciones de ideas y las cuestiones de hecho. Y las últimas no son reductibles a las primeras.
Al abordar la moral (y Hume, según Kemp Smith, llega a la filosofía por la puerta de la moral), el escocés escribe que la razón es esclava de las pasiones -esto es, de los sentimientos y emociones- y su oficio es obedecerlas. De modo parecido pensaba su gran amigo Adam Smith. No dice Hume que tal sea el único oficio de la razón, la razón tiene su oficio en otros campos.
Al empirismo de Hume, el más brillante de la filosofía moderna, se suma en el siglo XX la filosofía analítica, cuyo lema es: la primera tarea del filosofar consiste en la aclaración y dilucidación del lenguaje. Así surge el empirismo analítico, clima conceptual en que Zavadivker elabora su obra, interesante y minuciosa, con clara versación en el tema. Examina el subjetivismo axiológico de Hume; luego el primer Wittgenstein, para quien en el mundo no hay valores y por ende no hay proposiciones éticas; a su turno Alfred Ayer sostiene que los juicios morales no son juicios sobre hechos, solo expresan emociones.
La tesis expresivista tiene su gran exponente en Bertrand Russell, uno de los mayores filósofos británicos del siglo XX y premio Nobel de Literatura en 1950. Con un ejemplo del propio Russell, La belleza es el bien se puede traducir por ¡Ojalá todos los seres humanos amaran la belleza!. La ética, dice, no contiene aserciones que sean verdaderas o falsas sino que expresa un deseo, de algún modo universal, de los seres humanos… y de los dioses, ángeles y demonios, si existen. John Leslie Mackie a su vez ha dado el giro ontológico del subjetivismo.
Zavadivker estudia también el asunto desde un lenguaje de segundo orden, la metaética. Asume como fecunda la tradición del empirismo analítico, pero confía para ello no en la sintaxis ni en la semántica sino en la pragmática del lenguaje. La argumentación moral, dice, no es mera retórica y es posible hablar de razonamientos morales válidos e inválidos. El libro está dedicado a la memoria del recordado filósofo Samuel Schkolnik.
CORIOLANO FERNÁNDEZ © LA GACETA