Al Día del Amigo le sobran detractores. Como a muchos de sus primos: el Día de la Madre, del Padre, del Niño, del Abuelo y todos los etcéteras que siguen inventando. Ya sabemos, la amistad dura 365 días al año y se festeja en cada encuentro. No quita que Tucumán se verá cruzada hoy, de punta a punta, por un maremágnum de desayunos, almuerzos, cenas, cafecitos, llamadas, mensajes de texto y aluviones de notas en los muros de Facebook. La proliferación de regalos, de abrazos y de charlas -de a dos o en banda- se prolongará en una noche que promete ser agitada en todos los rincones (in)imaginables. El Día del Amigo es, qué duda cabe, el Día Nacional del Brindis. Y también un guiño netamente positivo a la tecnología, que les permitirá a todos mantenerse a un mail o un chat de distancia de esos compañeros del alma que se fueron muy, muy lejos. Arderán las webcams.

Lo que nunca quedó muy claro es por qué mantener el 20 de julio, fecha en la que el hombre llegó a la Luna (?). Es una costumbre que subsiste en poquísimos países. Más lógico sería adscribirse al Día Internacional de la Amistad, que la ONU fijó el 30 de este mes. En fin, cosas de los argentinos. Sí, hay una fuerte razón comercial de por medio. Sí, los negocios de chucherías venderán más. Sí, a los bares, restaurantes, pubs y boliches les viene como anillo al dedo. Sí, la plata mueve el mundo. Pero siempre hay algo más fuerte y más valioso que todo eso. Algo que lo justifica: la posibilidad de juntarse con la gente que uno quiere.