RÍO DE JANEIRO.- En medio de la decepción de organizaciones ambientalistas por los acuerdos entre Gobiernos sobre un pronunciamiento final que no afecte ninguna posición, ayer comenzó Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible (conocida como Río+20), con la inauguración formal a cargo de la anfitriona, Dilma Rousseff.

Del plenario participan delegaciones de 193 países (más de 80 de ellas están encabezadas por sus jefes de Estado y de Gobierno) y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y se celebra a 20 años de la primera cumbre en la que se comenzó a colocar el tema ambiental en la agenda internacional. En las mesas redondas de "alto nivel" de esta reunión se comenzará a discutir las formas de poner en práctica el desarrollo sostenible.

"Tienen 72 horas para decidir el destino de todos los niños, mis hijos, los hijos de mis hijos. Comienza a contar el cronómetro ahora, tic, tac, tic", urgió la joven bloguera de Nueva Zelanda, Brittany Trilford. La estudiante fue invitada a participar de la conferencia como una ciudadana común y resultó seleccionada tras ganar un concurso de discursos en video organizado por la Campaña Global por la Acción Climática, que reúne a más de 300 ONG (ver "¿Vienen...").

Está previsto que en el cierre de mañana, se apruebe la declaración final de la cumbre, un texto de 49 páginas llamado El futuro que queremos, en el cual se propone, sin precisiones, sacar a millones de personas de la pobreza. Sin embargo, el texto consensuado por los negociadores el martes recibió críticas de los ambientalistas, que se quejaron de que su tono es muy débil.

El plenario iba a ser el escenario para negociar metas de desarrollo sustentable que serían más una expresión de deseo que una obligación, en seguridad alimenticia, agua y energía, pero el borrador acordado no define estas metas ni da plazos claros para establecerlas. "(Está) diciendo que nadie quedó satisfecho. Así de flojo es. (El texto) tiene mucho 'tomar nota de' y 'reafirmar' y poco de 'decidir' y 'compromiso'", dijo la comisionada de medioambiente de la Unión Europea, Connie Hedegaard, a través de la red social Twitter.

Las expectativas para la cumbre son bajas porque la atención política está más enfocada en la crisis de la zona euro, en la elección presidencial en Estados Unidos y en la agitación que aún sacude Oriente Medio, que en la protección del medioambiente.

Es probable que presidentes y ministros rediscutan el texto para hacer algunos cambios en su redacción; pero, escépticos, los observadores expertos no esperan grandes cambios. ONG denunciaron que se omitieron o atenuaron importantes propuestas. "Esta cumbre podría terminar antes de empezar", alertó el vocero de Oxfam, Stephen Hale.

Sin ambiciones

El propio secretario general de la ONU admitió que le gustaría que los mandatarios reunidos en Brasil asuman compromisos "más ambiciosos" que los asumidos en el documento bajo debate. "¿Por qué tenemos una cumbre de jefes de Estado? Ellos son los que pueden hacer una decisión política. Según la prioridad política que elijan, las consecuencias pueden ser gigantescas y muy diferentes. Por esto apostamos por los líderes y les pedimos que piensen como ciudadanos del mundo", afirmó Ban.

El diplomático sostuvo que "se acabó" el tiempo en que los Gobiernos acudían a conferencias solamente como representantes de sus países, aunque reconoció que hay presiones cruzadas por múltiples crisis. Esta es la mayor conferencia en la historia de la ONU, ya que reúne a 50.000 personas. (AFP-DPA-Télam-Reuters)