Es esa sustancia líquida, inodora, insípida e incolora en pequeña cantidad y verdosa o azulada en grandes masas, que está formada por la combinación de un volumen de oxígeno y dos de hidrógeno. El agua es uno de los elementos esenciales para la vida en el planeta y se ha vaticinado que en pocos años comenzará a escasear y se convertirá en una herramienta de poder .
En la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible de 2002 que tuvo lugar en Johannesburgo (Sudáfrica), se hizo un llamado urgente para hacer frente al problema de la falta de líquido elemento. Según el informe de las Naciones Unidas, una de cada cinco personas en el mundo no tenía en ese año acceso al agua potable, mientras que alrededor de 2.400 millones carecían de condiciones adecuadas de salubridad. El Banco Mundial señaló, en esa ocasión, que en 2025, 48 países que tendrían en su conjunto unos 1.400 millones de personas, experimentarían graves problemas por la escasez de agua, mucho más que los 29 países con una población de 436 millones de personas, calculados en 1995.
No hace falta ir a Asia u África para encontrar poblaciones que carecen prácticamente del líquido esencial, o que beben agua contaminada. A poco más de 18 kilómetros de San Miguel de Tucumán, una población de alrededor de 7.000  habitantes se encuentra en esas condiciones. Los vecinos de El Chañar, departamento Burruyacu, se quejan porque se les hace cada vez más difícil aprovisionarse de agua potable, y que el poco líquido que logran conseguir contiene elevados niveles de contaminación. Este reclamo coincide con un informe del Sistema Provincial de Salud (Siprosa) del 13 de marzo pasado que indica que esa localidad tiene tres pozos perforados, dos de los cuales poseen un tanque de almacenamiento y equipos de cloración automática. Pero el tercero, de provisión de agua, inyecta directamente a la red sin cloración. El estudio señala que en tres muestras de agua se determinó la presencia de bacterias indicadoras de contaminación "en número superior al permitido para agua potable". En el vecino poblado de "Cañada de Alsogaray" también se encontraron bacterias en dos muestras de aguas efectuadas.
Lo curioso es que el comisionado rural de El Chañar, que está cumpliendo su segundo mandato, dijo no tener ninguna responsabilidad en el asunto porque del agua se ocupa una junta promotora. Por su parte, la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) le dijo a nuestro diario que estaría dispuesta a brindar un asesoramiento técnico a los vecinos del lugar, si es que lo requieren, para que puedan mejorar la provisión de agua.
Lo llamativo y preocupante es la inacción del Siprosa, la SAT y el comisionado ante este problema serio como que una comunidad beba agua contaminada. ¿Se esperará acaso que haya víctimas para actuar? Algo parecido ocurre con las poblaciones del este tucumano que padecen hace décadas de hidroarsenicismo. ¿El hecho de que una junta vecinal se ocupe de la provisión del líquido implica que el problema es sólo de ella, aunque los habitantes se estén envenenando lentamente? ¿Y si la junta no pide asesoramiento técnico, el Gobierno no hará nada? ¿Acaso el Estado y sus funcionarios no tienen responsabilidad alguna en la salud de estos tucumanos? ¿Cuál sería entonces su función? Pareciera que en el Tucumán del siglo XXI sigue habiendo ciudadanos de segunda categoría.