El "mata gigantes" Patronato y el "superhéroe" Sebastián Bértoli sepultaron la ilusión de River de dar un paso decisivo hacia su regreso a Primera, hoy esquivo. En el "Cementerio de los Elefantes", el sueño de River fue una pesadilla con el gol de Leonardo Acosta en el inicio del partido y el penal atajado por Bértoli a Domínguez, al final.

Peor imposible para Matías Almeyda. Porque además del 0-1 que encajó en Santa Fe, Instituto y Quilmes hicieron bien los deberes, Central juega hoy, y a una fecha del final el "millonario" camina por la cuerda floja, tironeado con el fantasma de la Promoción, con el ascenso directo en jaque. El equipo de Paraná, verdugo de los cuatro que pelean en la cima, hizo honor a su apodo y se convirtió en patrón de entrada. Incentivadísimo, sacó ventaja de un planteo inteligente y de su fortaleza psicológica, que se tradujeron en un gol de jugada parada, su especialidad. Y cuando River se lo llevó por delante, Bértoli se erigió en figura. El arquero sacó tres pelotas impresionantes, dos a David Trezeguet y otra a Fernando Cavenaghi. Y la única vez que no llegó, el palo le dio una mano y ahogó el grito de "Cavegol".

En el complemento River fue víctima de su propio desconcierto y su falta de ideas. Ni siquiera pudo aprovechar el regalo de un innecesario penal sobre Rogelio Funes Mori, a los 42'. ¿Por qué no lo patea Trezeguet? Se preguntaban los plateístas. Un Domínguez empequeñecido remató al medio. Y enfrente estaba Bértoli, que camina su área con pecho erguido.

A River no le salió ni el tiro del final. Las paradojas del fútbol: hace cuatro años exactos, el 16 de junio de 2008, Patronato festejaba su ascenso del Argentino B al A, mientras River todavía celebraba, embriagado, su título número 33, conseguido días antes con Diego Simeone sentado en el banco. Nadie hubiera imaginado entonces la pesadilla que los hinchas de la banda roja viven hoy y de la cual no logran despertar.