Riguroso saco y corbata. Esa era la imagen invariable del periodista de LA GACETA, aún en los días más tórridos del largo verano tucumano. Dos enormes ventiladores pretendían, en vano, enfriar el aire, pero sólo lograban tirar viento caliente. A lo sumo, los periodistas se permitían quitarse el saco y arremangarse la camisa para poder "galopar" en las máquinas de escribir, con un poco más de comodidad.

Sin aire acondicionado
Hasta mediados de la década del '60 sólo había tres lugares en Tucumán con aire acondicionado central: los cines Metro y 25 de Mayo y el restaurante Coventry, hoy Carlos V. LA GACETA lo incorporó alrededor de 1963. "Pero hasta eso, los periodistas debían acostumbrarse a trabajar con un par de ruidosos ventiladores que obligaban a tener siempre a mano un pedazo de plomo (de los que había en el taller) para que no se volaran los papeles", rememora Domingo Padilla, que se incorporó en 1962 a LA GACETA, y se ocupó de los temas más variados, desde la sección de Cultos, pasando por la información castrense, la economía y las provincias.

Sin embargo, nada se compara con los difíciles tiempos fundacionales de LA GACETA. Desde su origen - el 4 de agosto de 1912 - hasta bien entrados los años 20, los periodistas debían escribir sus originales a mano, sopando su pluma en el tintero a cada rato. La tarea se hacía lenta y a veces engorrosa. Esos escritos eran entregados al linotipista, encargado de componer los textos en plomo que sirvieron de matriz para imprimir el diario hasta 1971. Sólo después de 1920, los periodistas conocieron la máquina de escribir, que utilizaron, incluso, hasta después de la llegada de las computadoras.

No había grabadores
La falta de grabadores fue otra de las desventajas con las que debieron lidiar los periodistas hasta 1960. "Recién en esa época comenzaron a llegar los grabadores como gran novedad. Eran grandes y pesados, incómodos, pero permitían tomar citas textuales", recuerda Ventura Murga, quien antes de llegar a ser secretario General de Redacción, fue cronista especializado en Legislatura.

"El periodista debía acudir a poder de síntesis y escribir con abreviaturas. En mi caso, que cubría las sesiones de la Legislatura, debía escuchar lo que se decía en el recinto, sintetizar y anotar únicamente lo que iba a servir para la crónica", recuerda.

Había que tener especial cuidado para poder reproducir frases textuales. "No era fácil, el periodista debía darse maña", agrega Murga. Ejemplifica: "cuando vino Arturo Frondizi a Tucumán para participar de la gran convención de la UCR, el gran redactor de LA GACETA Ricardo Rocha lo entrevistó. Hay una foto del 59 en la que aparece Rocha asentando sus papeles sobre la espalda de Frondizi para poder conseguir frases textuales".

¿Donde se imprimía? Hubo varios lugares
El primer número se editó en la imprenta "Suiza Argentina", de La Madrid 322. LA GACETA funcionaba cerca, en 9 de Julio 117. Luego prueba los servicios de las imprentas de Ayacucho y General Paz, primero; y de Congreso 124, después. Hasta que el 10 de diciembre de ese año, LA GACETA, que era dominical, comenzó a salir todos los días. En 1913 se instaló en Las Heras (hoy, San Martín) y Rivadavia. Allí estaba la Redacción y allí se imprimía.