"Primero, el tribunal debe carecer, de una manera subjetiva, de prejuicio personal. Segundo, también debe ser imparcial desde un punto de vista objetivo, es decir, debe ofrecer garantías suficientes para que no haya duda legítima al respecto. Bajo el análisis objetivo, se debe determinar si, aparte del comportamiento personal de los jueces, hay hechos averiguables que podrán suscitar dudas respecto de su imparcialidad. En este sentido, hasta las apariencias podrán tener cierta importancia. Lo que está en juego es la confianza que deben inspirar los tribunales a los ciudadanos en una sociedad democrática y, sobre todo, en las partes del caso" (Corte Interamericana de Derechos Humanos, caso "Herrera Ulloa Vs. Costa Rica", sentencia del 2 de julio de 2004).

Un caso se da en Londres. El otro, en San Miguel de Tucumán.

El de allá refiere a un médico. El de aquí, a un abogado.

Thomas Bonham se recibió en Cambridge y decidió desempeñar su profesión en Londres, pero sin haber tramitado la autorización del Colegio Real de Médicos.

Carlos López fue designado secretario judicial de la Fiscalìa Anticorrupción y ejerció su cargo con independencia: sin pedir "permisos" del poder político.

Los censores del Royal Council of Medicine interrogaron y declararon incompetente a Bonham, le prohibieron ejercer en la capital del Reino Unido y lo multaron.

López rindió concursos de antecedentes y oposición ante el Consejo Asesor de la Magistratura. Lo declararon competente de sobra. Pero no le dieron el cargo.

El médico británico siguió curando: un puñado de burócratas no podía imponerse sobre su carrera universitaria, asumió. Así que incrementaron la multa y ordenaron su detención.

López siguió rindiendo. Salió tercero en un concurso. Segundo en dos. Primero en tres. Y fue castigado: José Alperovich nunca lo propuso a la Legislatura para que lo designen fiscal.

El Colegio Real de Médicos alegó que estaba facultado por la Corona para hacer lo que hizo.

El alperovichismo jamás dio explicaciones.

El "Caso Bonham" fue a la Justicia. El de López, también.

Juez y parte

El presidente del Tribunal inglés (chief of justice), Edward Coke, tras determinar que el Colegio no tenía poder alguno sobre los practicantes no autorizados, advirtió que el Council recibía la mitad del importe de las multas: era juez y parte. Había utilizado sus poderes indebidamente.

El camarista en lo Contencioso Administrativo, Rodolfo Novillo, frenó la sexta exclusión de López. Para que el ejercicio de la discrecionalidad de la que el mandatario está facultado sea legítima, dijo el juez, debe haber más que legalidad formal. Más que "está facultado para ser discrecional".

El fallo de Coke sacude. "...Cuando un Acts del Parlamento se opone al derecho común o a la razón, o repugna o es de imposible aplicación, el common law (la constitución inglesa, que es una constitución no escrita) lo controla y se impone y lo anula".

La determinación de Novillo se planta. Si la discrecionalidad no está fundada, es arbitrariedad. Para que no lo sea, "precisa de una técnica jurídica que remita al plano de los valores jurídicos de un modo objetivo y objetivable, por medio de los principios generales del derecho, como buena fe, igualdad, razonabilidad".

El Estado de sinrazón

El fallo de Coke es de 1606. Esa sentencia dejó establecido el Estado de Derecho inglés.

El juez trataba mucho más que el caso del médico. Se puso de pie ante un poder real que avasalla a los débiles. Dijo que la Justicia debe ser independiente. Que lo legal debe ser legítimo. Y que esa legitimidad es dada, también, por lo razonable. Para que rijan esos principios están los jueces, remachó Coke. Los magistrados deben hacer valer las garantías constitucionales. Y denunciar y tronchar lo repugnante del poder.

La resolución de Novillo, del sábado 2 de junio de 2012, reivindica el sistema republicano. No son estos los tiempos de la Corona. El gobernante no ha sido escogido por ningún dios ni su voluntad emana de una razón supranatural. Él ha sido elegido por el pueblo para administrar la cosa pública, la res publicae, la república. Y tiene que dar razones a sus gobernados: a ellos responde. No puede haber razones privadas detrás de decisiones que son para todos. El gobernador no es el jefe de los tucumanos: es su primer empleado público.

Lo contrario es el Estado de la sinrazón. Uno en el cual, estadísticamente, los que tienen menos chances de ser jueces son los que terminaron primeros en los concursos. Alperovich se ha apartado del orden del mérito resultante de los concursos del CAM el 60% de las veces: de 46 casos, sólo en 18 respetó al número uno.

Ver para apropiarse

Con el fallo Coke nace el judicial review. El control de constitucionalidad. Por eso, aunque quiso, el poder político inglés no pudo echarlo al olvido. Lo recuperaron los norteamericanos casi dos siglos después para librarse del yugo de las leyes de la Corona durante su proceso independentista, cuando les importaba la independencia de los pueblos.

El pronunciamiento de Novillo duró en la Cámara en lo Contenciosos Administrativo 72 horas. La Corte le quitó la causa sin explicaciones. Le dijo que quería el expediente para "verlo", pero en realidad era para apropiárselo. Y ahí nomás resolvió que un amparo por discriminación es competencia originaria del Superior Tribunal. Con los votos de de los vocales Antonio Estofán, Antonio Gandur y René Mario Goane (Daniel Posse se excusó por ser hermano del fiscal de Estado, Jorge Posse Ponessa, y Claudia Sbdar estaba de licencia).

Así que López, a quien no le habían notificado el cambio de radicación de la causa por el primer per saltum de facto de la historia jurisprudencial reciente, recusó a los jueces supremos. A Sbdar, Goane y Gandur porque integraron el CAM e intervinieron en la confección de ternas. Y a Estofán porque es amigo de Alperovich. De hecho, él se había apartado de entender en el planteo del ahora legislador Ariel García, que cuestionaba la constitucionalidad de la recontra-reelección, invocando la pública amistad con el mandatario.

Ninguna de las recusaciones planteadas por López prosperó.

Dudosamente indudable

Desde hace cuatro centurias, las medidas oficiales que se oponen al derecho común o a la razón, o que repugnan o son de imposible aplicación, deben ser anuladas por los jueces. Especialmente, si atentan contra la ecuanimidad de los tribunales en un juicio. Ser juzgado con imparcialidad no es un derecho: es un cimiento. Sin eso, no hay debido proceso. Tanto es así que, según dice en este siglo XXI la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el juez no sólo debe ser imparcial: tiene hasta que parecerlo. Porque lo que está en juego es la confianza que deben inspirar los tribunales a los ciudadanos en la democracia.

"Mi relación de amistad con el gobernador es a título personal, no institucional", informó Estofán al tribunal que analizó las recusaciones, y que lo declaró apto para juzgar el "caso López".

Indudablemente, Estofán tiene razón. El concepto de amistad institucional no existe. Y si existe es objetivamente incomprobable. Luego, aún suponiendo que la amistad institucional existe, en la república no puede haberla entre los poderes del Estado. Entre ellos, sólo diálogo. Y control.

Ahora bien, el hecho de haber integrado el Ejecutivo y encabezado la Fiscalía de Estado, de haber sido propuesto por el Ejecutivo como vocal de la Corte, y de reconocerse amigo del gobernador, ¿no habilita al ciudadano a preguntar si todo eso tiene incidencia alguna, objetiva o subjetiva, sobre la imparcialidad?

A lo que se suma un planteo del Grupo Alberdi: no se discute si el Poder Ejecutivo tiene la potestad de no elegir a López, porque sí la tiene. Lo que está en cuestión es si puede no elegir al primero del concurso sin dar explicaciones. "La decisión final del pleito no puede ser otra que la de resolver si Alperovich cumplió o no con los deberes que le imponían la Constitución y la ley".

La cuestión no refiere al jefe del Ejecutivo sino a "este" jefe del Ejecutivo: a Alperovich. Al amigo. A ningún otro.

Otro tanto se aplica a Gandur, pero ya no sólo por haber integrado y presidido el CAM.

En la cancha se ven

La desembozada persecución contra López es un escándalo provincial. Hay un tucumano que ha demostrado aptitudes para ser fiscal, pero el gobernador, investigado por la Fiscalía Anticorrupción cuando era ministro mirandista, dice "no, porque no".

La cuestión, que se paseó en una marcha por la plaza Independencia, también llegó a la cancha de Los Tarcos, donde López fue jugador y entrenador.

Frente a la flagrante injusticia de la que es víctima, el equipo desplegó una bandera en el partido del sábado pasado contra Lawn Tennis. "Fuerza Dr. 'Chiqui' López", decía. La respuesta de las autoridades del club, del cual Gandur es uno de sus dirigentes históricos, ha sido, según publicó LA GACETA, sancionar a socios, destituir al hermano de López como manager, suspender al entrenador y al jefe del equipo, y hasta podría haber amonestaciones a los jugadores. A esos que no pidieron la libertad para un encarcelado por crímenes aberrantes, sino que defendieron la meritocracia: si López ganó seis concursos, merece ser fiscal.

Van a tener que hacerle un desagravio a la Ley del Talión. Porque en el imperio tucumano del tabú, cualquiera es declarado ofensor sin razón valedera. Y el castigo desproporcionado cae sobre él y sobre toda su tribu.

¿Cuál es la ofensa del equipo? ¿Por qué se indignaron algunos en el club? Esto, ¿no habilita a que el ciudadano dude si también incide en la imparcialidad de Gandur, al que vieron levantarse el sábado cuando se desplegó la bandera que respalda a quien lo cuestiona en un pleito?

Por cierto, si pedir justicia merece castigo, ¿hacia dónde empujan los scrum de Los Tarcos?

El "Caso Bonham" no afectaba sólo a un médico. En los albores del siglo XVII, el juez Coke logró verlo con claridad. En el siglo XXI, el "Caso López" no refiere sólo a López, pero ha despertado reacciones de la premodernidad. Una cosa es equivocarse: otra, un margen de error de 400 años.

Aquí, las leyes son lo que el Gobierno quiere. Y los jueces son imparciales porque ellos dicen.

Con razón las efigies de la Justicia nunca aparecen con reloj...