Luego de un largo período sin inflación en la Argentina, en la últimos años las alzas de precios han pasado a formar parte de las inquietudes cotidianas de la población. El problema arrastra ya varios ejercicios sin que desde el Estado nacional se encaren medidas concretas para combatir el proceso que resta poder adquisitivo a la moneda nacional, el peso. En lugar de ello, la fuerza política que gobierna en el país desde 2003 ha optado por negar sistemáticamente la situación, lo que termina retrasando la búsqueda de una salida a una crisis que parece crecer como una bola de nieve. La utilización de términos como tensión, reacomodamiento o dispersión de precios puede verse como un intento de minimizar la cuestión y de asignar un carácter ocasional al fenómeno. Sin embargo, esos eufemismos aluden a elementos constitutivos de un proceso inflacionario. Las tensiones, reacomodamientos y dispersiones integran el conjunto de hechos típicamente asociados con la inflación, y dan origen a costos sociales.

Sin dudas uno de los indicadores más claros de la poca confianza que genera el peso en los inversores y ahorristas es la creciente demanda de divisas extranjeras, y la decisión del Gobierno de restringir a como dé lugar la comercialización de dólares. El consultor Dante Sica, ex secretario de Industria de la Nación y director de Abeceb.com, sostiene que las medidas del Gobierno para evitar la salida de divisas, tienen una causa primera que continúa sin ser abordada: la inflación. "De entre todos los males que la inflación genera, la caída en la competitividad de los sectores industriales es una de las que más preocupa por su impacto en algunos de los llamados 'pilares del modelo', como la creación de empleos y el superávit comercial", remarcó.

Según Sica, el incremento sostenido de los precios año a año ha generado un auténtico círculo vicioso en lo que respecta al valor del dólar y, dentro del entorno de ese mismo ciclo, se provocaron desequilibrios importantes en los sectores productivos y en la macroeconomía. "Para describir ese círculo vicioso partamos por señalar que, hasta ahora, la única medida que se utilizó para intentar contener el crecimiento de la inflación es mantener planchado el precio del dólar. Durante los últimos siete años la depreciación del dólar estuvo varios puntos por debajo de lo que creció el índice de precios", apuntó. En ese período, la tasa de inflación superó siempre los dos dígitos, mientras que la expansión del valor del dólar rara vez alcanzó ese ritmo. "Como primera consecuencia de esa situación -destaca Sica- tenemos que nuestro tipo de cambio real se apreció. Y es aquí donde el círculo vicioso envuelve a los sectores productivos, al no contar más con esa ventaja que hizo que entre 2003 y 2007 la industria tuviera una fuerte etapa de recuperación, apoyada también en una acumulación de stocks". Resaltó, de todas maneras, que en la última etapa los sectores productivos mantuvieron ciertos grados de competitividad gracias a la debilidad del dólar contra el resto de las monedas internacionales y la fuerte apreciación del real brasileño.

"Los contextos de alta inflación desincentivan el ahorro y pulverizan el crédito a largo plazo en pesos. Quizás por ello, nuestro país tiene el sistema financiero más pequeño de la región, y presta mucho más en tarjetas de crédito que para la compra de viviendas", señala el ex ministro de Economía Martín Lousteau. El experto evidenció que desde que el Gobierno nacional optó por esconder e ignorar el problema inflacionario se produjo un estancamiento en la creación de empleo formal. También, un deterioro en la situación de los trabajadores informales debido a que su salario aumenta menos que los precios. "Por este motivo, cada punto porcentual de inflación está generando hoy 22.000 nuevos pobres. Y al ritmo actual de aumentos de precios, nada menos que 550.000 personas caen debajo del umbral de pobreza cada 12 meses", agrega.

El economista Bernardo Kosacoff sostiene que la Argentina tiene un dilema muy fuerte, que es ganar competitividad, lo cual se logrará si los sectores productivos entran en una capacidad mayor de generar riquezas. "Hay que acelerar la tasa de inversión, calificar más los recursos humanos, gastar más en investigación y desarrollo, recomponer las cadenas productivas, y encontrar una estrategia en común entre el sector privado y el público", subraya. "El desafío es pasar de esquemas de producción excesivamente primarizados. Los commodities son muy importantes, pero tenemos que ponerle más valor agregado, que puedan generar empleos formales, que es uno de los activos que tenemos", concluyó Kosacoff.