La brecha cambiaria (estimada en un 30% entre el dólar marginal respecto del oficial) es costosa en términos de actividad y precios, e incluso para la intermediación financiera en dólares, que elevó el costo de financiamiento a las exportaciones de 1/1,5% en octubre pasado al 5/7% actual luego de la salida récord de depósitos en moneda extranjera registrada en diciembre. Sin embargo, dice un informe del Estudio Bein & Asociados, la política apunta a convivir con ella, en todo caso negándola al igual que lo viene haciendo con la inflación desde 2007.
Ahora bien, la lectura de que el aumento en la oferta financiado con crédito barato (subsidiado) o captado a partir de depósitos "compulsivos" con pesos que tienen prohibido el acceso al mercado cambiario a tasa negativa, definitivamente no parece ser el camino al desarrollo con equidad social. En efecto este enfoque de la política deja claros ganadores y perdedores, contracara de un proceso redistributivo que no es necesariamente condescendiente con el discurso oficial.
Vencedores
Según Bein & Asociados, ganan aquellos sectores que a lo largo de los últimos años compraron dólares, que hoy reciben un salto equivalente a "la brecha" en su poder de compra contra precios locales que ajustan más lentos vía la intervención de la política. "Es decir, aquellos que hicieron lo que el Gobierno pretende hoy desincentivar afirmando que fue una mala inversión ahorrar en dólares", indica el reporte al que accedió LA GACETA.
También ganan aquellos que hoy tienen una elevada protección, y por ende reciben precios altos (mayores a los internacionales) con valores de insumos importados adquiridos al dólar oficial. "Sobre todo cuando además muchas de estas compañías han sido beneficiarias con créditos subsidiados para expandir la oferta que en una primera vuelta requiere de bienes de capital o insumos importados", acota.
Vencidos
En el otro extremo, entre los que pierden, Bein & Asociados, incluye a aquellos sectores que invirtieron en pos de acceder a mercados externos cuyos márgenes de rentabilidad tienden a achicarse en un contexto de costos crecientes en dólares. "Paradójicamente hoy compensan la baja rentabilidad o rentabilidad negativa que obtienen por sus exportaciones (para no perder mercados) con los mayores precios internos", acota.
De algún modo, los asalariados contribuyen pagando precios más altos por los mismos bienes y/o servicios que un consumidor de una economía vecina. Aunque esta situación es en gran medida compensada por las tarifas subsidiadas de servicios que son las que han venido funcionado como ancla de la tasa de inflación, algo que tampoco puede funcionar para siempre. "La situación energética y del transporte son en gran medida las consecuencias del desaguisado que se hizo en los últimos años con las tarifas, y las soluciones hacia adelante requieren acciones en este sentido. Esto es algo que el Gobierno intentó, pero que hoy por hoy puso en un compás de espera con una macro frenada", finaliza el informe.