"¡Quemalo, quemalo, disparale!", le gritaba su cómplice mientras él apuntaba con un arma a Ángel Matías Garay, un joven de 20 años que finalmente recibió un balazo fulminante en el pecho por resistirse al robo de su motocicleta.

"Hasta anoche este era un barrio tranquilo", lamentó ayer una vecina al salir del velorio de la víctima. El ataque ocurrió a las 21.45 del sábado, en el barrio Belgrano de San Andrés. "Como acá no tenemos plaza, los jóvenes suelen juntarse en esa esquina, donde hay una grutita", explicó otro de los habitantes de la zona que también se acercó a dar su pésame a la familia de Matías.

"Esa esquina" está a media cuadra de la casa de los Garay, frente a la ruta 9. Ahí había parado su moto, una Honda Wave, para conversar con dos amigos. Matías no se bajó en ningún momento del rodado; les hablaba desde el asiento porque tampoco hay un banco o una vereda para sentarse. Ni siquiera un cordón cuneta.

En ese momento aparecieron dos jóvenes desconocidos a bordo de una motocicleta. Detuvieron la marcha frente a ellos y el que viajaba como acompañante se bajó con un arma.

La vida por nada

Según le contaron los amigos de Matías al resto de los vecinos, el individuo armado se dirigió directamente a él. Mientras le apuntaba a la cabeza, le exigía que le entregara la motocicleta pero el joven se resistió. Los testigos aseguraron que el atacante gatilló dos veces sin que saliera ningún disparo. Recién en el tercer intento tuvo éxito y le pegó cerca del corazón.

Matías se desmoronó y comenzó a desangrarse. Los asaltantes se dieron a la fuga sin llevarse nada, mientras los vecinos auxiliaban al joven y lo cargaban en un auto para llevarlo al hospital. Pese a la rapidez con que se movieron, la víctima llegó sin vida al Centro de Salud.

Gritaron en la ruta

Nadie durmió en todo el barrio después del trágico hecho. Los vecinos no sólo estaban acongojados por la muerte de un joven que "se levantaba todos los días a las 5 de la mañana para ir a trabajar al empaque de una citrícola". Además sentían bronca, impotencia, desamparo, necesidad de pedir a gritos que alguien se haga cargo de esa desgracia. Y así lo hicieron.

Ayer a la mañana se organizaron para cortar la ruta. Escudados por una fila de cubiertas en llamas que atravesaban la cinta asfáltica, levantaron pancartas y pidieron a viva voz que se haga justicia por Matías.

A unos 50 metros de la calurosa protesta, la familia Garay velaba al joven en el interior de su casa. Los vecinos entraban y salían permanentemente de la vivienda y las lágrimas se repetían en todos los rostros.

Dijeron que tienen bronca porque la Policía "brilla por su ausencia" en la zona y jamás atiende sus llamados. Además, denunciaron que los hechos de inseguridad son una novedad en el barrio. "Acá nos conocemos todos, pero desde hace un año más o menos llegó gente de afuera y se asentó en los alrededores. A partir de entonces comenzaron los robos y arrebatos, y la Policía nunca patrulla las calles ni hace operativos por este sector", aseguraron.

A Matías lo velaron hasta las 17. Después lo despidieron en el cementerio de El Cevilar.