Mayo se despide con el alperovichismo mostrando su mejor cara de preocupación. Por regla, los problemas de un gobierno se clasifican en dos grupos: económicos y políticos. La Casa de Gobierno exhibe hoy los de la primera clase. Y avizora para mañana los del segundo tipo.
Según la puerta que se toque en el palacio es la variación del llanto financiero. Unos dicen que la Coparticipación Federal de Impuestos cayó $ 20 millones mensuales. Otros hablan del doble. Los más informados ubican el retroceso de fondos federales entre $ 25 millones y $ 30 millones.
No es un monto significativo: anualizado, totaliza entre $ 300 millones y $ 360 millones. Un 2% o 2,5% del Presupuesto General de la Provincia, fijado en $ 14.000 millones para este año.
En todo caso -dicen los de adentro afuera de despacho-, la caída de la coparticipación pauta que el empréstito de $ 400 millones ofrendado por la Legislatura (no fija tasa de interés máxima, banco donde tomarlo, amortización ni prohibición de pago de gastos por gestión, trámite administrativo y seguro) ya está gastado. Peor aún: un economista ajeno al Gobierno advierte que, si se profundiza la caída de los fondos nacionales, el préstamo no cubrirá el pago del aguinaldo.
Por lo pronto, surgió una presunción: tal vez no haya ampliación presupuestaria este año.
Los de lejos
Con ese contexto, dicen los escuderos legislativos del alperovichismo que no se puede hablar de otra reforma constitucional. Y que la promesa del gobernador de acompañar a los parlamentarios en la habilitación de más reelecciones, en el asado nocturno del jueves 10, no fue ningún compromiso político sino, en realidad, una exagerada manifestación de agradecimiento por el cheque en blanco de $ 400 millones que los parlamentarios le habían regalado esa mañana. "No sabía cómo darnos las gracias y dijo eso", minimizan. Y, agregan, "la gente" no quiere oír de enmiendas. Léase, Alperovich no quiere abrir por estos días más frentes políticos que los que le va a heredar el Gobierno nacional.
Porque el Ejecutivo, que mira el mapa institucional local y lo ve todo verticalmente encolumnado, observa la Casa Rosada y se angustia. En términos alperovichistas: la Nación tiene menos plata, no asiste a las provincias peronistas incendiadas financieramente (Santa Cruz, Córdoba, Tierra del Fuego...), el dólar "paralelo" traspasó la barrera de los $ 6 esta semana (aunque se despidió a $ 5,88), y se pelea con Hugo Moyano y, simultáneamente, con Daniel Scioli. Y lo más importante para la Casa de Gobierno: hace todo lo anterior, a pesar de que no tiene habilitada otra reelección.
El miedo se llama "¿hasta cuándo cree que el peronismo le seguirá respondiendo?". El poderoso tranquilizante con que lo tratan es "todavía le responde el Congreso". Pero tiene efecto colateral: les da vértigo. Por eso, 2013 es ya una preocupación para la gestión tucumana.
Dentro de 17 meses los tucumanos renuevan cuatro diputados. Son los oficialistas Stella Maris Córdoba, Juan Salim y Miriam Gallardo de Dip; y el opositor Juan Casañas. Suponiendo (anhelan) que mantendrán la representación, ¿cuántos candidatos pedirá Cristina? ¿Abogará por Córdoba? ¿O por La Cámpora? ¿Por ambos? Para los funcionarios más curtidos, eso ni siquiera es un gran problema. La clave, para ellos, es quién encabezará esa lista y atraerá votos. Y por ahora no tienen respuesta.
Los de enfrente
La oposición también hace lecturas y cálculos al respecto. El socialismo, primera minoría nacional en las presidenciales de 2011, no propicia hoy un acuerdo con los radicales para el año que viene, en ninguna de sus dos ramas: la que encabeza Rodolfo Succar, el más conocido de los referentes de esa fuerza; y la que ganó las internas y conduce el partido (Oscar Gramajo y Ricardo Salas), cercano al Movimiento Popular Tres Banderas (Alejandro "Cacho" Sangenis).
Tampoco auspician una alianza con el socialismo en la UCR vernácula, segunda fuerza en Tucumán en esas mismas presidenciales. Cuanto menos, hoy no hablan de ceder el primer puesto ni el grupo del senador José Cano y los legisladores Ariel García y Silvia Pérez; ni el del diputado Casañas, que buscará la reelección al grito de "internas abiertas"; ni el de Rubén Chebaia (afín al legislador Roberto Sánchez); ni el del legislador Federico Romano Norri (afín al legislador Roberto Sánchez); ni la de Osvaldo Barreñada, con intenciones, otra vez, de ser candidato a la Cámara Baja.
Pero en rigor, en el Gobierno confiesan que le prestan atención, antes que a lo que hagan todas esas corrientes juntas, a los movimientos de La Pisarello, que agrupa a los radicales más influyentes que gobiernan la UNT: sus caras más visibles son las del diputado Luis Sacca y el director de YMAD Fernando Valdez. El Gobierno puntualiza que sigue lo que hace esa fracción tanto por lo que denomina como "amistosas relaciones en torno de Canal 10", como por el hecho de que la UNT es el principal presupuesto y la mayor estructura con que cuenta la UCR. O más bien, una parte de ella. En el palacio de 25 de Mayo y San Martín no sólo asumen que el candidato radical para 2013 surgirá con apoyo de ese sector: hoy no descartan que vaya a ser impuesto por ese grupo.
Para el caso, desde el socialismo y el MP3 especifican que no es Cano sino La Pisarello lo que frustra cualquier acercamiento. La megaminería, avalada por la UNT, es la más elegante de las "diferencias irreconciliables" que levantan desde estas voces del Frente Amplio Progresista.
Los del cálculo
Sólo hay, al menos de manera ostensible, un predicador de la unidad radical-socialista. Es Federico Masso, referente de Libres del Sur, que ensaya un discurso matemático. Plantea que la UCR obtuvo 100.000 votos en octubre, y que el Socialismo logró otros 80.000. Con eso, sostiene, alcanza para arrebatarle no una sino dos bancas al alperovichismo. Y, entiende, tamaña demostración de fuerza posicionaría distinto a la oposición para 2015. Léase, más lugares para todos.
Para Masso, sólo una polarización de las elecciones será negocio para los adversarios de la Casa de Gobierno. Y en Casa de Gobierno saben bien que es verdad. Lo contrario, alerta justamente el ex funcionario alperovichista, es pasto para el oficialismo. Y también puede serlo para FR, que se entusiasma con las mediciones que hacen trascender el Gobierno y el radicalismo, las que muestran que sólo hay dos opositores con dos dígitos de instalación en la opinión pública: Cano y Ricardo Bussi. Una estadística que demanda de trabajo territorial para ser algo más que sólo un buen dato.
Los de adentro
Gracias a la dinámica separatista de la oposición, José Alperovich se fue algo menos tenso a Bariloche, para participar de los actos K por el 25 de Mayo. En su entorno no estaban seguros del viaje, o sea que él tampoco. "Capaz que es mucha Cristina por un mes", arriegaba el martes un inquilino de despacho. Pero el gobernador partió. Y con ello demostró que no volvió preocupado de África: ya se había embarcado así.
De allí que, a pesar de que todos ponen cara de compungidos y solidarios en los encuentros con el mandatario, por abajo libren una interna feroz: técnicos versus políticos. Para los de tonada económica, la culpa del sofocón financiero es del Ministerio de Gobierno y sus arreglos salariales con los gremios estatales, del Ministerio de Seguridad y el incremento de la planta de policías, del Ministerio de Salud y la masiva titularización de personal, del Ministerio del Interior y el gasto en comunas y municipios, del Ministerio de Educación y la incorporación de conserjes...
Para los del acento político, el Ministerio de Economía no avisó. Y sostienen que pasaron, de un día para otro, del paraíso de las cuentas previsibles al infierno del empréstito multimillonario.
Los del pretexto
Alperovich lanza manotazos discursivos al aire. Su advertencia de que el "apuro" de su gestión se debe a que el PBI crecerá sólo al 4% es un primor: el cálculo de ingresos del Presupuesto 2012 prevé un PBI del 5%: la diferencia no es abismal. Sí lo son las "ventajas" en otras previsiones presupuestarias: el dólar a $ 4,40 (el oficial cerró el jueves ya a $ 4.49) y la inflación anual del 9,2%: mayo terminará con un acumulado real más alto. Todo lo que haya por encima de esas cifras, es más plata de la prevista.
En el caso de la moneda extranjera, son más pesos en el Fondo Soja por cada dólar de las retenciones a la exportación de esa oleaginosa. Y la inflación es un impuesto: el impuesto inflacionario. Toda suba de precios implica más recaudación del IVA. Para qué hablar del brutalmente incrementado Impuesto a los Ingresos Brutos. Para Tucumán, luego, más inflación es más plata por coparticación y recaudación propia. Otra vez: la inflación sólo es negocio para el Estado.
En consecuencia, no se trata de que hay menos plata de la prevista: la cuestión es que el Presupuesto que el alperovichismo promulga es cualquier cosa, menos un plan de recursos y de gastos serio. Nunca una ley por cumplir. ¿Que pasa este año, entonces? No llega de la Nación, como antes, más de lo presupuestado. Pero aquí gastan (y gastaron) más de lo pautado. Como siempre.
Los del silencio
Lo del PBI al 4% es el maquillaje discursivo del gobernador para enmascarar que ser kirchnerista, en lo que va de 2012, no es buen negocio. Porque él ya postró esta provincia ante la Casa Rosada y entregó el federalismo y sus derechos a cambio de recibir, como si fuera un favor, lo que le corresponde legítimamente a este Estado... Y menos. De hecho, este año, no consiguió mucho más que un viaje a esa meca de la dudosa legalidad y la maltrecha institucionalidad que es Angola.
Por cierto, siempre será más fácil para el alperovichismo endilgarle la culpa al Gobierno central que contestar esa pregunta tan simple como gravitante. ¿En qué usaron la plata de los ocho años de bonanza inédita, para no tener ahora ni $ 1 ahorrado? Porque necesitar $ 400 millones cuando aún no terminó el quinto mes del año, luego de administrar $ 60.000 millones en presupuestos públicos, con pavimento y cordón cuneta por toda gran obra de financimiento provincial, no es una situación incomprensible. En el mejor de los casos, es inexplicable.