Si algún indicio dejaron estos cinco meses que ya se apagaron es que 2012 puede consagrarse como el año del jubileo de las contradicciones. Porque entre las palabras, los gestos y el resultado final de la dirigencia cada vez son más grandes las diferencias.

En la tierra de la persona que hace cuando quiere, porque quiere y como quiere las cosas, lo que sobra es imprevisión. Y lo que falta, precisamente, es mesura. El gobernador, José Alperovich, no se cansa de repetir que la crisis económica impacta directamente en el día a día de su gestión. En rigor, él se muestra pensativo y dubitativo. Está preocupado y sigue con atención la baja de $ 30 millones mensuales en la coparticipación. "El año está calzado", decían algunos funcionarios para tranquilizarlo durante los primeros meses. En realidad, hoy se topa con que no era tan así. Porque las inauguraciones de algunas de las obras más emblemáticas se demoran, y por mucho tiempo: si no llegan los fondos de la Nación, el Gobierno no tiene capacidad de respuesta. Los hospitales del Este y ex ADOS son dos de los ejemplos. La ruta 38, en sus últimos dos tramos (desde Concepción hasta Alberdi), es otro caso. Y también están Lomas de Tafí y algunos hoteles en la capital. Es decir, el único salvataje que le queda al alperovichismo para sostener su gestión política diaria son el pavimento y el cordón cuneta que se financian con el milagroso Fondo Soja.

Y ahí está una de las más grandes contradicciones del alperovichismo. En un año tormentoso -tanto o más que 2009- el Gobierno se dedicó a sostener el statu quo político. Primero, con la "contención" -eufemismo para evitar hablar de empleomanía- de más de un centenar de dirigentes a los que la ciudadanía les dio la espalda en las elecciones. Y después, con el papelón de las negociaciones salariales con los estatales.

Ante cualquier micrófono se esmeraron por disfrazar los porcentajes de suba y evitar un tirón de orejas de la Nación. "Rondan el 20% o el 24%", dijeron en la Casa de Gobierno. Sin embargo, nada de eso importó en las últimas dos semanas. Para los funcionarios, los legisladores y los concejales, la suba es del 34%. Y punto. Sin metáforas. Sin eufemismos. Total, es preferible que la gente patalee por $ 17.000 mensuales antes que indague sobre los montos que, por gastos sociales o políticos, perciben en la Cámara y en los Concejos Deliberantes. Casualidad o no, las mejoras para legisladores y concejales llegaron justo después de que le pusieran el pecho a dos medidas polémicas: el endeudamiento por hasta $ 400 millones, en el caso de la Cámara; y el aumento del cospel, en el de los ediles. Y aquí otra incoherencia, al empezar 2009, y vaticinar una severa crisis, Alperovich le ordenó al vicegobernador, Juan Manzur, que anule el aumento del 50% en las dietas de los parlamentarios. ¿Por qué hace poco más de 25 meses sí y hoy no? ¿Cuál es la diferencia de esa crisis con la que hoy se está viviendo?

En política también germinan los disparates. No es un año para hablar de eso, repite Alperovich. Pero fue el primero en agitar el debate entre sus legisladores durante un asado, para después truncarlo. Y su esposa, la senadora Beatriz Rojkés, tampoco habla de política, pero "arma" cada día con el sueño de ser la sucesora. El intendente, Domingo Amaya, es otro de los mudos políticos. Pero camina con la mente puesta en 2015. Entre los dos, y lejos de Alperovich, La Cámpora coquetea. Sus dirigentes le ponen la espalda al jefe municipal. Pero de igual manera, "miman" a la presidenta provisional del Senado y levantarán la mano para acompañar la reforma "si lo ordena Máximo". Máximo, lógicamente, es Kirchner.

Sostener a toda costa el poder es, sencillamente, la única justificación para tamañas contradicciones.