No cabe ni una aguja en el pasillo que lleva a la sala del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Es viernes y la actividad central de la jornada gravita en torno del doctor Raúl Pedro Mentz, de 79 años. El homenaje tiene la sencillez de las grandes cosas: una placa pequeña y rectangular con su nombre y apellido, tres palabras incuestionablemente emparentadas con el estudio y la enseñanza de la Estadística, ciencia que ayuda a tomar (todo tipo de) decisiones.
Con paso pausado y tímido, Mentz, el agasajado del mediodía, se abre paso entre alumnos y colegas, y se sienta en el medio del corredor. A su lado está la alegre Guillermina "Coca" Fierro, su esposa y compañera de toda la vida. Entonces, el decano Santiago Di Lullo anuncia que el acto no será protocolar, sino una "reunión entre amigos" motivada por el deseo de rendir tributo a uno de los fundadores de la Facultad. Y, a continuación, lee la resolución que da cuenta de la aceptación de la renuncia de Mentz al cargo de profesor titular de la carrera de posgrado en Estadística a partir del primero de marzo de 2012, que es lo mismo que decir que, tras 55 años de servicio, el catedrático se ha convertido en un jubilado "full time".
"Relevante trayectoria... proficua labor... justo reconocimiento". Con esos términos, Di Lullo da paso al descubrimiento de la placa. Tomados de la mano, Mentz y Coca observan cómo uno de sus 11 nietos (el homónimo del homenajeado que ya es jefe de Trabajos Prácticos en Ciencias Económicas) ayuda al decano a retirar la tela. Un segundo después, aparece la plancha dorada y reluciente dedicada al profesor emérito de la UNT (fue designado en 2005). La gravedad del momento dura apenas otro segundo porque Coca, que es dada a la extraversión, no puede contener un comentario cargado de irreverencia: "yo le di (a mi esposo) una sala en la casa".
La risa hace -más- llevadera la emoción. Pero la voz de Ignacio Acosta, otro de los nietos de Mentz, revela los nervios propios de las cosas importantes. Con una mano sobre el hombro del académico, expresa orgullosamente: "de aquí vengo, este es mi abuelo... Él puede quedarse tranquilo porque ahora nosotros, su familia, vamos a encargarnos de buscar la trascendencia".
Organizar y estudiar
La celebración de la obra de Mentz, ex decano y padre del Instituto de Investigaciones Estadísticas de la UNT, necesariamente recala en el programa de especialización en Estadísticas Aplicadas que creó hace casi cuatro décadas. "Este es uno de los posgrados más prestigiosos del país y nosotros nos comprometemos a darle continuidad", manifiesta Di Lullo al tomar de nuevo la palabra. Después de lamentar el desprecio por la tarea del estadístico ("por razones que todos conocemos", precisa con un margen de ambigüedad suficiente para que cada oyente relacione aquella observación con el descrédito de los índices que elabora el Indec), el decano afirma que la mayor parte de los presentes son alumnos de Mentz. Y añade: "doctor, usted es un maestro. Así lo recordamos y lo queremos ver siempre. Viva estos años con la satisfacción del deber cumplido".
Practicado el ritual de la foto de familia a la "sombra" de la novísima plancha de metal, Mentz recibe sobriamente los saludos de la comunidad académica y de otras figuras de la casa, como los economistas Víctor Elías y Manuel Luis Cordomí, y los contadores Ernesto Ramón Cerro y Emilio Abdala. Por unanimidad, el homenaje es declarado un acierto. Cordomí subraya, por ejemplo, la formación del estadístico tucumano en Harvard y Stanford, dos prominentes universidades de Estados Unidos. "Mentz tiene talento organizativo y científico, una gran capacidad para gestionar y producir conocimiento. En sus días de decano trabajaba como tal por la mañana y, por la tarde, se encerraba para hacer docencia e investigación. ¡Todos sabíamos que no debíamos interrumpirlo!", relata el ilustre profesor.
Los elogios no modifican el gesto serio del ex titular del Instituto Interamericano de Estadística. Sus anteojos de marco grueso giran de un lado a otro reflejando quizá una leve curiosidad. En 2008, Mentz había confirmado a LA GACETA que era más que posible mentir con las estadísticas y que, por eso, resultaba esencial que la sociedad aprendiese a leer los datos críticamente. Cuatro años después, el académico ya no habla de su especialidad, de la que dice estar 100% retirado: el tiempo de la ciencia y la docencia ha dado paso a horas mansas y caseras que para él transcurren entre novelas de Graham Greene.