Una idea predominante a la hora de hablar de la distribución del ingreso y de la brecha que separa a los que más ganan de los que menos recursos obtienen consiste en reducir el espectro a la remuneración y a la calificación laboral. Es decir, tiende a ganar más el que más preparado está. Sin embargo, Daniel Sticco, director de contenidos del Instituto de Estudios Laborales y Sociales (Idelas) de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), advierte, en diálogo con LA GACETA, que tan importante como lo anterior, "y en una proporción 50% - 50%", es la cantidad de horas trabajadas.

El Idelas trabajó sobre los datos del Indec y su Encuesta Permanente de Hogares (EPH), correspondiente al último cuatrimestre de 2011. El espectro de los ingresos laborales es dividido en 10 segmentos (cada uno es un decil): el segmento más bajo percibe $ 464 mensuales per capita; mientras que el más alto consigna $ 8.900. El muestreo estatal abarca 32 conglomerados urbanos de la Argentina, que concentran un universo de 25,2 millones de habitantes.

El Idelas detectó, en los dos deciles de menor ingreso de la población, que en más de los dos tercios de los casos se trabaja menos de 35 horas semanales. Ese es el mínimo, el umbral de referencia que las convenciones mundiales de estadísticas laborales fijaron para separar la situación de subocupación horaria de la ocupación plena.

En esos dos segmentos de menores ingresos, sólo el 10% se ocupa más de 40 horas por semana.

Sticco advierte que la medición de la EPH mostró también que la cantidad de personas que dijo percibir recursos monetarios se incrementó durante 2011 en 243.000, que son unos 11.000 menos en comparación que la suba de 2010. "Pese a que en los últimos nueve años la Argentina ha registrado el ciclo más largo de la historia de crecimiento de la economía, aún hay mucha gente que no consigue empleos estables", advierte.

El economista también hace hincapié en que cuanto más se cierra la lente de observación, más delicada se torna la situación. Cuando se efectúa un promedio nacional de los datos de la EPH, surge que el trabajo habitual del jefe del hogar se mantiene por debajo del rango de las 40 horas semanales sólo en el 20% de los casos del universo de los menores ingresos. "Sin embargo, cuando se analiza cada uno de los aglomerados urbanos que releva el Indec surge que, sobre el total de los encuestados, y de los diez niveles de ingreso, en poco más de la tercera parte se verifican índices de subocupación horaria". En otras palabras, un tercio de los jefes de hogar trabaja menos de 40 horas semanales. O lo que es igual, no tiene un trabajo de cinco jornadas semanales de ocho horas cada una.

En el promedio nacional, el decil de los ingresos más bajos trabaja 23 horas semanales. En el caso de Tucumán, sólo 18. El segundo y el tercer segmento local también registran una intensidad laboral inferior a las 40 horas semanales.

"Constituye el principal factor de discrepancia entre los diferentes niveles de ingresos", señala Sticco.

Justamente, en el otro extremo, el de los segmentos con los más altos ingresos, están los índices más elevados de carga horaria, con picos de 60 horas semanales en Comodoro Rivadavia, 53 horas en Gran San Juan y 50 horas en Neuquén. El promedio nacional es de 45 horas, superadas en Tucumán por los tres deciles superiores.

El director del Idelas pide no caer en el prejuicio de que en las franjas de menor ingreso hay baja propensión al trabajo. "Eso no contempla que en este fenómeno concurren diversos factores. Uno es la baja posibilidad de obtener un empleo de jornada completa por carencias de calificación laboral. Otro es el desaliento que provoca una remuneración más cercana al mínimo que a los valores medios. Y en algunos casos también se da la ausencia de expectativas de lograr un ascenso en la escala de tareas", describe. "Son los que menos posibilidades tiene de empleo a tiempo normal y deben buscar changas", puntualizó.

El especialista remarca que la EPH no consigna análisis sobre sus guarismos, sino que sólo brinda datos estadísticos. "Sin embargo, no es aventurado presumir que en las escalas de mayor percepción de recursos monetarios, la creciente intensidad del trabajo se vincula tanto con la responsabilidad más exigente de las tareas más calificadas, como con la búsqueda de un objetivo superior con altas posibilidades de concreción".