Mi amiga Laura me miró y -absolutamente convencida- me dijo: "yo creo en la humanidad. Mientras en todo el mundo haya una o dos personas que valgan la pena, para mí es suficiente". Pensaba en lo admirables que son los espíritus que se empeñan en ver el vaso medio lleno cuando me topé con un compañero de trabajo. Hace no mucho anduvo por el quirófano, solucionando un problema cardíaco. "La vida es tan cortita y nos hacemos problemas por cada estupidez...", lanzó con su habitual buena onda.
No hay nada más recomendable, decididamente, que rodearse de seres que contagian optimismo. Y a la gente que derrocha toxicidad, echarle el flit de la indiferencia. ¿Cuántas veces nos sentimos en el pozo por culpa de los efluvios negativos de los que reptan a la vuelta? Siempre estamos a tiempo de hacer una buena limpieza.