Los primeros datos disponibles de abril indican un freno de la economía mayor al esperado. En parte debido a efectos estacionales asociados a la mayor cantidad de feriados que se concentraron este año y que modificaron la dinámica propia del consumo (desvío de consumos hacia actividades relacionadas al turismo) y de la oferta (en parte también afectada por el freno normativo a las importaciones impuesto por la política para ahorrar dólares), aunque otra parte no menor refleja que el ciclo está ingresando -desde niveles muy elevados- a un amesetamiento, cuando no a una merma en algunos sectores puntuales. A la caída en las importaciones que anticipa la recaudación impositiva se suma ahora un desplome del 24,4% en la producción automotriz, que está relacionado en forma directa con las exportaciones a Brasil. La construcción, que en marzo exhibía una recuperación, mostraría en abril nuevamente un caída.

A esto se suman nuevas estimaciones de la cosecha gruesa a la baja, que impactan de lleno sobre el PBI del segundo trimestre. En base a esta y otras informaciones, estamos revisando nuestras proyecciones de crecimiento para el año a un rango del 3% interanual (en torno a 1,5% en el segundo trimestre). Esta proyección es consistente con una recuperación de la economía en el segundo semestre y un aumento del PIB en torno a 4% en el último trimestre del año. Las nuevas proyecciones podrían ser corregidas a la baja en caso de que esta normalización no se verifique.

Respecto de la inflación, la aceleración de los precios que relevamos en marzo reflejaba la concentración de aumentos puntuales explicada en gran medida por las autorizaciones de subas de la Secretaría de Comercio. El principal riesgo, explicamos cuando comentamos el dato, eran los efectos de segunda ronda que esas subas pudieran tener, entendiendo por esto básicamente el impacto sobre las paritarias, con la memoria fresca de lo que había ocurrido en 2010 cuando el sinceramiento en el precio de la carne gatilló un salto de más de 10 puntos porcentuales en las subas salariales acordadas. Si bien es evidente que el objetivo del 18% que el Gobierno intentó aplicar a las paritarias unos meses atrás quedó reducido a apenas unos sectores, también es cierto que los aumentos ya acordados e incluso las demandas en curso se ubican en la mayor parte de los sectores entre 5 y 10 p.p. por debajo del 35% que alcanzaron los salarios del sector formal de la economía en 2011. Nuestra nueva proyección de aumento del Relevamiento de Precios Minoristas para el año se ubica en un entorno de 22%/23%. Esta proyección es consistente con un deslizamiento del dólar oficial algo mayor al proyectado hasta ahora, salarios (privados registrados, no registrados y públicos) subiendo en promedio en torno a 24% y tarifas de servicios impactando entre 1 y 1,5 punto porcentual en la tasa de inflación.