Fue un juramento especial, quizá el más anhelado y demorado del mecanismo de selección de jueces que puso en marcha el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) inaugurado en 2009. Fue el reflejo de un concurso singular: el primero que organizó el órgano; el único judicializado, y el más largo, traumático y controvertido de los hasta aquí celebrados. Fue, sobre todo, un desahogo para la Cámara Civil y Comercial Común de esta Capital, que desde hace más de tres años funciona con dos tercios de sus vocalías originales acéfalas.

Un acto de trece minutos de duración bastó para normalizar al -hasta ayer diezmado- tribunal. A las 12.13 del mediodía ya habían prestado juramento los cuatro camaristas designados por el Poder Ejecutivo (PE) con acuerdo de la Legislatura: Laura David, Benjamín Moisá, Ricardo Molina y María del Pilar Amenábar. Los primeros tres juraron por Dios y la patria, y sobre los Santos Evangelios; la cuarta, solamente por la patria.

La lectura de las respectivas fórmulas corrió por cuenta de Antonio Estofán, presidente de la Corte Suprema de Justicia de Tucumán (CSJT). Sus pares René Goane, Antonio Gandur y Daniel Posse también asistieron a la ceremonia (la única ausencia del alto tribunal fue Claudia Sbdar, que está de licencia), y ocuparon sillones en el estrado junto al ministro fiscal, Luis de Mitri.

"Es el comienzo del fin de la crisis de la Cámara", evaluó Estofán mientras los protagonistas de la jornada recibían los besos y abrazos de rigor. "Son cuatro personas absolutamente idóneas para el cargo", agregó el titular de la Corte respecto del resultado de un concurso cuestionado en sede administrativa y judicial cuyo desarrollo permitió que Amenábar se convierta en magistrada pese a no haber reunido el puntaje mínimo requerido por la ley vigente al tiempo de la calificación de los antecedentes y la oposición.

El juramento no pasó inadvertido en los Tribunales. El salón de actos Juan B. Alberdi quedó chico para contener a todo el público que acudió al acontecimiento: hubo gente de pie a ambos lados de la sala. Mejor se acomodaron los magistrados y camaristas (entre ellos, los dos vocales con mayor antigüedad en la Cámara Civil y Comercial, Augusto Ávila y Carlos Ibáñez), y los invitados especiales. Para estos y como hace habitualmente, la casa reservó dos filas de asientos a los costados del estrado. En la primera hilera de la izquierda se ubicaron codo a codo Ernesto Wayar, vocal de la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán, y el maestro cordobés Luis Moisset de Espanés, que asistió al acto en la calidad de "padrino" académico de Moisá. La presencia en Tucumán de este prestigioso jurista aceleró el juramento de los cuatro nuevos vocales de Cámara, cuya designación superó la etapa parlamentaria el jueves de la semana pasada.