Desde el lunes se emite la versión nacional de "En Terapia". Y en el primer capítulo tocó uno de los temas claves de la práctica psicoanalítica: el manejo de la transferencia. Promediando la "sesión", donde las intervenciones quedaron pautadas más por necesidades de guión que de asociación libre, Marina (Julieta Cardinali) le confiesa a su analista (Diego Peretti) que está enamorada de él. No es infrecuente que eso ocurra (Sigmund Freud lo advertía ya en 1905), pero sí es indispensable que el analista sepa qué hacer con esa confesión. Y aquí es donde entra el concepto de transferencia. En términos más o menos simples (algo que no puede predicarse del manejo de la transferencia) se trata de un vínculo afectivo (de amor o de odio) intenso, automático e inconsciente con una persona a la que esos sentimientos no le corresponden, sino que le son transferidos, precisamente, de alguna otra, con la cual el paciente mantiene un vínculo conflictivo que muchas veces ni siquiera puede confesarse a sí mismo. Forma parte, en realidad, de todas las relaciones humanas. Pero cuando la persona que recibe esos sentimientos "inapropiados" es el analista, este tiene la obligación, ética y técnica, de operar con ella. Debe saber descubrir, detrás de las palabras (pues ese es el material de trabajo), intenciones, pensamientos y sentimientos que pertenecen a la realidad subjetiva, interna, del sujeto. Operar con la transferencia significa usarla a favor del análisis, es decir, aprovechar lo que se pone de manifiesto en la sesión para abrir camino a la pregunta.

El riesgo, y es el que se abrió en la sesión que el lunes emitió la TV Pública, es que el analista responda a la demanda de amor de su paciente. Habrá que ver si Guillermo (el personaje que encarna Peretti) será capaz de mantener presente la regla de abstinencia: no consentir la demanda de Marina, sino tratar de que comprenda que lo que le sucede es una forma de repetición de sucesos anteriores, y que los resignifique.