Era domingo pero él no descansaba. A sus 63 años, salía todos los días en su antigua bicicleta y pedaleaba desde el barrio Echeverría hasta Yerba Buena, donde trabajaba como cuidador de un country. Cuando terminaba esa labor, se dedicaba a hacer "changuitas" y trabajos de albañilería para poder llegar a fin de mes.
Así era la vida de Mario Gumersindo Bulacio; "Gumicho" para sus amigos. Pero tuvo un final inesperado. Cuando faltaban 12 días para celebrar su cumpleaños 64, lo asesinaron a sangre fría en la puerta de su casa.
El reloj estaba por marcar las 7.30 cuando Gumersindo cerró el candado de la cadena que une a las dos chapas rojas que hacen de portón. Es lo único que protege a la humilde casilla, que no tiene más que una habitación, donde vivía solo. Después tomó su bicicleta pero no llegó a pedalear. Dos individuos lo tomaron por sorpresa ahí, a medio metro de su casa. Según creen los vecinos, mientras uno le arrancaba un bolso y la riñonera que le cruzaba el pecho, el otro lo agarró por atrás y con una punta le perforó el oído izquierdo.
Desangrado
Nadie vio nada. Y los que pueden haber visto algo se niegan a declarar por temor a que los agresores vuelvan por ellos. "¡Juan, Juan, mi hermano está acá tirado y no se levanta!", fue el primer grito desesperado que se escuchó en el barrio. Salía de la boca de Alfredo Bulacio, que vivía al lado de "Gumicho". El hombre le pedía auxilio a su vecino de enfrente, Juan Ibiri.
La escena era desgarradora. Gumersindo estaba acostado sobre esa vereda sin baldosas, con su bicicleta a un lado y rodeado de un charco de sangre. Juan corrió a llamar una ambulancia, pero todo era en vano. El filo del arma blanca había tocado una vena que va directo al corazón y la víctima ni siquiera tuvo tiempo de agonizar.
Poco a poco, los vecinos fueron aglomerándose alrededor del cuerpo. Luego llegó la Policía y una médica forense, quien ordenó que le practicaran una autopsia. Gumersindo había derramado tanta sangre que los vecinos taparon el charco rojo con un montículo de tierra.
"Un laburante"
Gumersindo tenía un hijo que se llama como él, Mario Bulacio. El hombre vive en García Fernández, es policía y trabaja como chofer de la fuerza en la Unidad Regional Norte. Cuando mataron a su padre, él estaba de guardia. "Mis compañeros me avisaron lo que había pasado a las 9.30 y me vine rápido para acá; el cuerpo de mi papá todavía estaba en el piso", contó.
Mario sospecha que el ataque fue planificado, ya que ese día Gumersindo llevaba el sueldo que acababa de cobrar dentro de la riñonera. En cuanto al bolso, señaló que ahí solamente llevaba ropa para cambiarse entre un trabajo y el otro. "Él se iba primero a hacer una 'changuita' y después entraba al country", recordó.
Su tío Alfredo describió a Gumersindo como una persona que trabajaba las 24 horas, "era un laburante". Indignado, denunció que la inseguridad reina en el barrio. "Esta es una zona más que roja, no se ve un solo policía que pase por acá. Mi hermano pobrecito ya ha fallecido, no va a volver a la vida. Pero lo que yo no quiero es que esta siga siendo una zona olvidada y vuelva a pasar lo mismo", reclamó.
Con él coincidió Juan, su vecino. "A las 8 de la noche ya tenés que entrar a tu casa y no salir más. No puede ocurrir esto, él era un hombre trabajador; no le pueden quitar la vida así", lamentó. Juan lo recuerda entre lágrimas porque se conocían desde chicos. "Nos hemos criado juntos", agregó consternado.
Un sospechoso
En cuanto a la investigación, que quedó en manos de la división Homicidios y Delitos Complejos, fuentes policiales afirmaron que uno de los autores del hecho ya estaría identificado. "Creemos que puede ser un tal 'Teta', que vive en el barrio", aseguraron. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición no había ningún detenido.
En el lugar del hecho se presentó el personal de la seccional 14ª y el prosecretario de la Fiscalía de la VIII° Nominación, Jorge Nicolás Carmelich, que quedó a cargo de la causa.