VENDEDORES AMBULANTES
Hasta hoy, han sido vanos todos los esfuerzos por erradicar de las calles y veredas del centro a los vendedores ambulantes. Ellos proliferan, se multiplican de mil maneras para ofrecer sus mercaderías de todo tipo y calidad en franca competencia con negocios establecidos, pero a veces, sólo a veces, a un precio más bajo, por lo que numerosos como ingenuos compradores atraídos por los destemplados gritos de "tré kilo por dié" o "quince banana por dié" con el típico lenguaje que nos identifica. Pero nunca los tres kilos son tales ni llegan a los 2 kilos desde que los pesan en balanzas modificadas, ni las bananas serán quince ya que con hábiles manos las colocan dentro de las bolsas sin que el desprevenido cliente pueda contarlas, eso si dejando luego su impronta de múltiples basuras que le dan el triste aspecto que todos los días luce el microcentro. Creo que sí es el Jardín de la República más sucio del país. Ni hablar entonces de las dificultades para caminar por las veredas ocupadas con cajones de madera o cajas de mil formas y tamaños o con mesas improvisadas. Ahora bien, la Municipalidad dispone de elementos para el control de pesas y medidas y podría hacerlo diariamente para evitar las estafas, la burla a señoras y señores mayores, y la prepotencia con amenazas si pretende que le vendan el peso justo. Pero, ¿será siempre así? ¿Tendremos que esperar una nueva (y van...) reforma de la Constitución con otras promesas que nunca se cumplirán?
Federico Vázquez
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