("Él quería tener un campeón del mundo, pero lo desilusioné porque nací mujercita", dice Aurelia Cruz, la marimacho, frente a la cámara)
Sentadas en la plaza-canchita de fútbol del barrio Nicolás Avellaneda las chicas cuentan que están llegando tarde al entrenamiento. Es día de semana y son las cuatro de la tarde.
("... y yo perseguí mi sueño y el del viejo también", resume Aurelia, sentada en el living de su casa. Rodeada de trofeos y una pelota desgastada)
En ese barrio, el fútbol ha reemplazado a las muñecas por golazo. La tienen a mano, la comparten con los varones, se la pasan entre ellas y practican las pataditas.
En la adolescencia varias probaron suerte en el club San Martín. "De mi grupo quedamos todas", cuenta Katerina Reinoso, de 16 años. Esa cuadrícula barrial es un semillero de talentos.
¿Dónde se entrenan? Ahí, mirá. Detrás de la tapia que está frente a la placita se adivinan los colores rojo y blanco, y una red alta para que no se escape la pelota. Es el polideportivo del club. Hasta eso les queda cerca.
Este destino futbolero de las mujeres fue la inspiración para crear el argumento del cortometraje "Aurelia Cruz, la marimacho". Lo filmaron en el barrio y los vecinos lo protagonizaron.
"La historia estaba ahí", cuenta Claudio Coronel, profesor de teatro y director del cortometraje. Si bien es normal que las chicas jueguen al fútbol no falta el comentario que las cataloga como marimachos.
El personaje de Aurelia viene a reivindicar ese fanatismo. Gracias a su talento con la pelota la llevaron a jugar a Brasil. Allí triunfó, como su viejo soñaba.
("Cuando las vecinas me criticaban y decían 'la marimacho de aquí, la marimacho de allá', y todas las cosas que le pasan a las mujeres cuando juegan al fútbol, yo no le daba importancia", reconoce Aurelia)
A rodar...
Una vez que el libreto estuvo listo comenzó el arduo trabajo de armar un equipo y tener disciplina para cumplir con las tareas. "Por ahí caíamos a la mañana y no había nadie. Había que buscarlos o esperarlos en la plaza. Mientras tanto, tomábamos unos mates", comenta Claudio.
Es que los chicos tenían sus actividades: algunos iban a la escuela, otros a entrenamiento de fútbol y otros a trabajar.
En el medio debían dedicarles varias horas semanales a la filmación, ante la mirada curiosa de quienes no entendían qué estaban haciendo. Era difícil no tentarse o evitar que un niño cruzara ante la cámara en bicicleta. El ritmo natural del barrio no se frenaba.
En total fueron 50 personas las que colaboraron, algunos actuando, otros buscando utilería y adecuando las escenografías. Por ejemplo, cuando tuvieron que correr un arco de la cancha para que en el fondo se vieran las casas del barrio.
El corto muestra imágenes en blanco y negro. Un flashback de la vida de Aurelia cuando era niña y adolescente. La primera escena es un diálogo entre Camila Reinoso (Aurelia) y Melisa Barbosa. Están sentadas en la cancha y ella confiesa que quiere jugar la Copa América. "La idea fue traer esa primera entrevista que le hacen a Maradona cuando estaba jugando en la cancha de su barrio", explica Coronel.
¿Y es verdad que muchos padres añoran tener un hijo varón para que juegue el fútbol? "Sí, a muchas hijas desde chiquitas les regalan una camiseta", comentan tímidamente las adolescentes. Juan Reinoso, de 47 años, es el director de la escuelita de fútbol del barrio. Allí las chicas ensayan sus primeras tocaditas. Él también actúa en el corto, como el padre de Aurelia. Prácticamente ninguno de los Reinoso se quedó sin participar, ni siquiera Melanie (2 años y medio), que interpretó a Aurelia cuando era pequeña.
Las mujeres tienen fama de ser muy buenas con la pelota. En los campeonatos que organizan la cantidad de equipos de varones se iguala con el ala femenina. ¿Juegan varones contra mujeres? "Noooo... porque les ganamos", ríen las chicas.
Llegó el día
Después de casi un mes de filmación llegó el momento de verlo. La cita fue en la placita del barrio, la que también formó parte de la escenografía. "Esa noche fue increíble. Habíamos pintado una pared de blanco para proyectarlo ahí. Había un montón de gente. Algunos se habían venido de otros barrios", cuenta Gastón Reinoso, de 23 años. Para él ese fue el mejor momento de todos.
Desde el primer minuto no pudieron contener la risa. Verse ahí les parecía increíble, emocionante. En un rincón -cuentan los chicos- Claudio, "el Mocho", lloraba a lo loco.
Para ellos esta experiencia fue un mensaje. "Un fortalecimiento espiritual", explica Juan. "Sabemos que lo que nos propongamos lo vamos a lograr", dicen sin vuelta los chicos. La vivencia los ayudó a crecer, a algunos les despertó la inquietud de hacer teatro y les dio muchas ganas de ir por más. "Ahora queremos hacer un videoclip", agregan. Es que la música del corto es otro de los orgullos. "El Mocho" puso la letra y Carlos Palacios, la música.
"Aurelia Cruz, la marimacho", quedará en el recuerdo del barrio para siempre.